Viajar a Transnistria era una cuenta pendiente desde hacía más de 15 años. Otro de esos sitios que hacen gala de lo que acostumbran a decirme con el sonado «solo viajas a sitios raros». No, uno viaja a lugares que le motivan, que le aportan, que significan algo o que siguen siendo originales y sin imitaciones, al menos durante un tiempo.
En pleno año 2025, en esta Europa que se uniformiza, donde arrecian vientos de extrema derecha en muchos rincones y testigo de una guerra -sí, una guerra- ahí al lado (literalmente), la ‘rareza’ llamada Transnistria agota sus posibilidades entre una Moldavia más proeuropea que nunca y el siempre presente panrusismo.
En este post descubrirás...
Un poco de historia: Transnistria
Empecemos por el nombre: Transnistria, o Pridnestrovie en ruso, es la tierra al otro lado del río Dniéster. Su nombre oficial es República Moldava Pridnestroviana, es decir, la parte de Moldavia que queda al otro lado del Dniéster. En la geopolítica actual, la delgada franja de territorio entre dicho río y la frontera con Ucrania, de apenas 4.163 km2.
Nada mejor que verlo en un mapa:

Transnistria es el resultado de un conflicto congelado en el tiempo, un problema sin resolver que se convierte en una rareza, de esas que contamos con los dedos de una mano en todo el mundo.
Pero esa guerra tan cercana es otra. A apenas un centenar de kilómetros hacia el este se encuentra Odesa, la tercera ciudad de Ucrania hoy en manos rusas.
¿Cómo surge Transnistria?
Con el aperturismo de los últimos años de la Unión Soviética comenzaron a surgir movimientos nacionalistas en las viejas repúblicas donde los rusos no eran mayoría como sucedía en Moldavia. Sin embargo, a diferencia del resto del territorio moldavo donde la etnia rumana es la principal, en Transnistria hay una mayoría eslava de rusos y ucranianos, que no estaban cómodos con el resurgir nacionalista que comenzaba a crecer desde el Soviet Supremo de la RSS de Moldavia.
Entre otras decisiones, la oficialidad de la lengua moldava en lugar de la rusa, la adopción del alfabeto rumano y de la bandera tricolor azul, amarilla y roja como la de Rumanía, eran claras señales del acercamiento de Moldavia hacia ese país, a la vez que la URSS estaba desmoronándose.

En este contexto y con las diferencias étnicas a uno y otro lado del Dniéster, comenzaron a surgir movimientos independentistas en Transnistria que reclamaban mayor autogobierno sobre su territorio.
Así, el 2 de septiembre de 1990 se proclama la República Moldava Pridnestroviana, declarada inválida por Gorbachov tres meses después. En 1991 la República de Moldavia se declara independiente y la URSS cae, lo que tensiona más la situación a ambos lados del Dniéster.
El 2 de marzo de 1992, fecha de admisión de Moldavia en las Naciones Unidas y, por tanto, el reconocimiento final al nuevo país, estalla el conflicto armado, la llamada Guerra de Transnistria. El asesinato de Igor Shipcenko, jefe de la milicia de la RMP el día anterior, sería el detonante definitivo.

La Guerra de Transnistria duraría hasta julio de 1992 dejando un balance de más de 1.000 muertos y un alto el fuego y un conflicto sin resolver que ha perdurado hasta nuestros días.
¿Qué países reconocen a Transnistria?
Ningún país del mundo reconoce oficialmente a Transnistria como estado. Sí lo hacen dos territorios que tienen un estatus similar al de Transnistria, Abjasia y Osetia del Norte, repúblicas autodeterminadas de Georgia pero con escaso reconocimiento internacional. Por ello son las únicas ‘embajadas’ que hay en Tiráspol y sus banderas ondean junto a la de Transnistria y la de Rusia en la plaza Suborov de la capital transnistria.
Ni siquiera Rusia reconoce a Transnistria, si bien es su principal valedor político, económico y militar, con tropas asentadas allí mediante el Grupo Operativo de Fuerzas Rusas (OGRF) de unos 2.000 soldados. Un apoyo fundamental durante todo este tiempo, desde la guerra con Moldavia y el posterior limbo en el que se encuentran.
La bandera y el escudo de Transnistria
La bandera de Transnistria es una versión de la bandera de la antigua República Socialista Soviética de Moldavia y consiste en un paño de color rojo con una franja horizontal de color verde en el centro. Es oficial desde el año 2000 con su inclusión en la Ley de Símbolos del Estado, que también reconoce la versión que incorpora la hoz y el martillo en su extremo superior izquierdo.
Como curiosidad, la bandera rusa tiene estatus de cooficialidad en Transnistria y por ello ondean ambas en los edificios gubernamentales y otros lugares de interés. Este hecho simboliza el deseo de integración con Rusia. Aunque esta bandera tricolor tiene un ligero matiz que la diferencia de la rusa, ya que tiene una proporción de 1:2, frente a los 2:3 de la original.

Al igual que la bandera, el escudo de Transnistria es una versión del que tuvo la extinta República Socialista Soviética de Moldavia. En el centro, la hoz y el martillo bajo una estrella roja. En el fondo, un río y un sol naciente. Y todo ello rodeado por una corona compuesta por espigas de trigo, mazorcas de maíz, y racimos y hojas de vid.
Qué ver en Transnistria
Muy posiblemente, si viajas a Transnistria lo harás para visitar su capital, Tiráspol, y quizás la cercana fortaleza de Bender. No hay mucho más de interés en este territorio de 4.000 km2 que se extiende como una delgada franja encajada en la frontera entre Moldavia y Ucrania. Al final lo que te ha traído hasta aquí es la curiosidad por este país y poco más.
Así pues centrémonos en Tiráspol, una ciudad de unos 130.000 habitantes a la que habrás llegado en autobús o en tu coche desde Chisinau, en Moldavia. Puedes ir y volver en el día, pero yo te recomiendo pasar una noche y así poder visitar Bender.
La frontera
Cruzar la frontera entre Moldavia y Transnistria es sin duda uno de los momentos más esperados. A ver qué es eso de entrar en un territorio autodeterminado desde hace más de 30 años que no reconoce ni dios. De paso, encontrar respuesta a las cábalas que venía haciéndose uno.
Lo primero, a diferencia de cualquier frontera bien establecida, no hay puesto de control en el lado moldavo. Es decir, nadie te da la salida del país. Por ende, tampoco hay una franja neutral. La marsrutka se detiene delante del control y nos encaminamos, en fila, hacia el pequeño edificio donde nos revisarán los pasaportes.
Sabíamos que no sellan el pasaporte y que te dan un papel con tus datos que debes conservar a modo de visado. Sin duda, uno de los souvenirs más preciados, a conservar pese a la tinta térmica. El procedimiento en sencillo: escaneo del pasaporte, preguntas sobre la estancia (lugar y duración) y gracias. We’re in.
Sobra decir que nada de fotos, como en cualquier otra frontera sensible. Como tuve la suerte de ir en el asiento del acompañante del conductor, aproveché la oportunidad para hacer una desde dentro.

Tiráspol: qué ver y hacer
Nada más bajar de la marshrutka y poner un pie en Tiráspol, es inevitable cierta sensación de extrañeza. Estamos en un lugar muy particular, aunque más raros seremos nosotros para ellos. Pero nada más lejos de la realidad.
Nos bajamos en pleno centro, a escasos metros de nuestra morada, el Lenin Hostel. Viajando a Transnistria no podía haber otro alojamiento mejor que este. Pero lo primero es cambiar dinero, ya que aquí nuestras tarjetas de crédito occidentales no funcionan. Si uno está fuera del sistema, lo está con todas las consecuencias. Muy fácil, se ven casas de cambio constantemente.

Lenin Hostel
No puedo empezar a dar detalles de Tiráspol sin hacerlo por el Lenin Hostel, donde os recomiendo quedaros encarecidamente. La hora de entrada es pactada con Dmitry, su dueño, que si bien las instrucciones de llegada pueden parecer un poco estrictas, la bienvenida casi a modo de entrevista personal, forma parte de esos pequeños detalles que no se olvidan.
Sentados en la cocina, su interés por nosotros era original y único, antes de pasar a hacernos toda una inducción en la realidad transnistria. Entonces empiezas a darte cuenta de las implicaciones en el día a día y en el porvenir de los jóvenes como él en un territorio tan pequeño y tan aislado. Nunca perdió su sonrisa y amabilidad, guardando toda esperanza en las venideras elecciones moldavas que, de ganar los prorrusos, podría reorientarse la relación con el estado del que oficialmente formas parte. Spasiba, Dmitry!


La avenida del 25 de octubre
Una fecha tan simbólica tenía que tener un lugar privilegiado en la capital del último reducto soviético de Europa. El 25 de octubre, día de la Revolución de Octubre, encuentra aquí su pequeño museo al aire libre. Esta arteria atraviesa Tiráspol de este a oeste y reúne buena parte de los puntos de interés de la ciudad: la Casa de los Soviets, el Palacio Presidencial, el Banco Nacional de Transnistria, las estatuas de Lenin y Gagarin, el Teatro de Drama y Comedia, la universidad, la sede de la corporación Sheriff, el Palacio de la Cultura o la plaza Suvorov.

Y ya que estás en el 25 de octubre, no dejes de caminar por sus calles aledañas en este particular viaje a la Unión Soviética… Lenin, Karl Marx, Rosa Luxemburgo, Gorki, Primero de Mayo o el bulevar Gagarin forman parte del callejero de Tiráspol.

Plaza Suvorov
En plena avenida del 25 de octubre, la plaza Suvorov es el otro gran espacio público de la ciudad. Una gran explanada para manifestaciones y honores cargada de simbología que toma el nombre del general fundador de la ciudad, Aleksandr Suvórov, considerado el más importante militar ruso de la historia. Allí está el que quizás sea hito más fotografiado de Transnistria, su escudo, pieza de recuerdo para los pocos que pisan estas tierras.

A su lado, las banderas de Transnistria, Rusia y otros territorios no reconocidos pero también bajo influencia rusa, como son Abjasia y Osetia del Norte. Todas ellas ondean en igualdad de condiciones en el lugar de mayor honor de la ciudad.
Al otro lado de la avenida, el parque Catalina rinde homenaje a Catalina II de Rusia, o Catalina la Grande, la emperatriz que expandió y modernizó Rusia durante sus 34 años de reinado. A sus espaldas, el eterno Dniéster que da nombre al país y enfila sus últimos kilómetros hacia su desembocadura en el mar Negro.
Memorial de la Gloria: tanque T-34 y el monumento a los Liquidadores de Chernóbil
Apenas unos metros más adelante aparece otro de los monumentos más fotografiados de la ciudad. El T-34, icónico tanque soviético de la Segunda Guerra Mundial, presta aquí sus últimos servicios en el llamado Memorial de la Gloria, un tremendo espacio de memoria con la tumba del soldado desconocido, la capilla de San Jorge, el Muro de la Memoria (con los nombres de los defensores de Transnistria que murieron entre 1990 y 1992), o el monumento a los Liquitadores de Chernóbil, en recuerdo a los 724 transnistrios que participaron en las tareas de limpieza tras el desastre nuclear de 1986.



Palacio Presidencial y estatua de Lenin
Tus últimos pasos al oeste de la avenida del 25 de octubre serán para presentarte delante de una estampa común en muchas capitales soviéticas. El edificio del Gobierno transnistrio, el Palacio Presidencial, levantado en los años 80 con la gran estatua de Lenin de 19 metros de altura al frente. Una foto imponente, de puro estilo soviético.


Casa de los Soviets
Al este de la plaza Suvorov y siguiendo por 25 de octubre, encontrarás más edificios de interés. Uno de ellos es la Casa de los Soviets, de puro estilo estalinista con esa aguja coronada por una estrella que te recordará a las Siete Hermanas de Moscú. Fue construido entre 1953 y 1956 bajo la dirección del arquitecto S.V. Vasiliev. Llama la atención su entrada de 10 columnas, aunque las dimensiones interiores también sorprenden, con más de 200 habitaciones y un hall principal de 300 metros cuadrados. Hoy alberga la administración local, lo que sería el ayuntamiento.
Ante él, de nuevo, un busto de Lenin presidiendo la plaza.

No nos vamos sin fijarnos en el edificio que hay a la izquierda de la Casa de los Soviets. Es la sede de la corporación Sheriff, el otro poder de Transnistria. Esta empresa es dueña de medio país, con supermercados, gasolineras, alcohol, tabaco, telecomunicaciones, medios de comunicación o el famoso club de fútbol Sheriff de Tiráspol, que se hizo famoso por haber ganado al Real Madrid en el Bernabéu en 2021. Su moderno estadio situado a las afueras de la ciudad, el Estadio Sheriff, es otro hito arquitectónico de Tiráspol. Allí incluso ha jugado la selección de Moldavia, es decir, ha sido casa del país del que no quieren formar parte.

Monumentos a Yuri Gagarin y Harry Potter
Seguimos por 25 de octubre hacia el este y nos encontramos con varias curiosidades. En el bulevar Gagarin no podían faltar una estatua y un mural del primer ser humano que viajó al espacio, algo habitual en ciudades de la antigua URSS. A su lado, los edificios de la Universidad Estatal de Transnistria y del Teatro de Drama y Comedia.

Es totalmente comprensible que una figura como Gagarin esté presente en cualquier ciudad de pasado soviético. Pero, ¿qué hace una estatua de Harry Potter en Tiráspol? Fue inaugurada el 1 de septiembre de 2021, Día del Conocimiento, como inicio del curso escolar y representa a un estudiante encarnado en la figura del joven mago.

Parque Victoria
Nuestro paseo por la avenida del 25 de octubre termina en el parque Victoria donde nos espera una curiosidad más propia de los fans del urbex. Una pequeña feria de atracciones detenida en el tiempo se esconde entre los árboles. Coches de choque, trenecitos y una noria que nos recuerda a la que el desastre de Chernóbil detuvo para siempre en la ciudad de Prípiat.

Un trago de kvas… o alguno más en la destilería Kvint
En tus paseos por Tiráspol te darás cuenta de unos pequeños puestos que hay a pie de calle en muchos lugares con una especie de bebida. Es el kvas, una bebida fermentada similar a la cerveza, muy tradicional en el este de Europa. Está hecha de pan de centeno o de cebada e ingredientes como la remolacha, frutas y hierbas. ¡Toda una bebida probiótica fresca con muy baja graduación por unos céntimos!

Pero si prefieres un poco de rock and roll, siempre puedes visitar la destilería Kvint, en pleno centro de Tiráspol. Todo un símbolo del país que es propiedad, cómo no, de Sheriff, y donde podrás probar desde vinos hasta destilados como vodkas o brandys. Y es que Moldavia es un paraíso para los amantes del vino, es uno de los principales productores y cuenta con las dos bodegas más grandes del mundo.
La cantina soviética
Pero si hablamos de gastronomía, una parada obligatoria es la cantina soviética. Situada en plena calle Lenin (y a escasos pasos de nuestro Lenin Hostel), bajar a ese sótano es todo un viaje en el tiempo. Sus paredes están repletas de simbología, carteles, banderas y objetos de la Unión Soviética. Su diminuto tamaño le confiere un aura todavía más especial. Conviene detenerse en cada objeto porque esconden detalles que quizás no vuelvas a ver.




Sobra decir que debes comer en la cantina. Es cierto que no destaca por su calidad gastronómica, pero probar esos platos caseros a precios populares en un lugar así es una experiencia única.
La tienda de antigüedades soviéticas
¡El lugar para los amantes de la memorabilia y nostalgia soviética! Si tras pasar por la cantina te han entrado ganas de llevarte algún objeto soviético, tu siguiente parada es esta. Una verdadera joya de tienda llena de miles de productos de época a precios muy interesantes. Podrás comprar desde monedas o sellos de la época soviética, placas de Lenin o incluso productos de uso diario como un vetusto secador. Algunos tuvimos que cambiar más dinero y volver por allí para comprar más cosas.
La tienda se encuentra en la calle Karl Liebknecht 377.


Mercado de Zeleny
Si siempre es interesante acercarse por los mercados, cómo no hacerlo al de la capital de un país no reconocido. El mercado de Zeleny mantiene ese tradicional bullicio matutino con sus decenas de puestos de venta de productos de la agricultura y ganadería locales.
Mapa de imprescindibles de Tiráspol
Fortaleza de Bender
Como te decía, es recomendable pasar al menos una noche en Transnistria para así poder visitar la fortaleza de Bender con tranquilidad. Bender se encuentra ubicado a escasos kilómetros de Tiráspol, al pie de la carretera que conduce hacia Moldavia y por la que se pasa en marshrutka si te diriges a Chisinau, por lo que es ideal para hacer una parada allí, visitar el castillo y volver a coger otro autobús hacia la capital moldava.
La fortaleza de Bender (o Tighina) es uno de las construcciones más antiguas de Transnistria. Sus orígenes se remontan a un fuerte de madera de la República de Génova (s. XII), pero fue en época otomana (s. XVI) cuando se construyó una fortaleza moderna al estilo europeo, con ciudadela, torres y grandes murallas. Tras las guerras ruso-turcas cayó definitivamente en manos del Imperio Ruso (s. XVIII).


Pero Bender es mucho más como lugar histórico. Su estratégica posición en las orillas del Dniéster y como puerta de Transnistria y su comunidad prorrusa, le han conferido un estatus especial. Bender se sitúa en la zona desmilitarizada derivada de la guerra de Transnistria con un control conjunto por parte de fuerzas de ambos territorios que se encontraron aquí.
En Bender se libraron los combates más duros de este conflicto, entre el 19 y el 21 de junio de 1992, y sus habitantes lo consideran su particular Stalingrado dado que, gracias a la ayuda de Rusia, pudieron vencer la guerra. Hoy, el Memorial de Conmemoración y Dolor recuerda la batalla en la que murieron 489 personas.
Por todo ello, Bender recibe el apelativo de ciudad de gloria militar.

Dónde comer en Transnistria
Además de la cantina soviética de la que ya hemos hablado, te daré algunas otras referencias para comer en Tiráspol:
- Back in the USSR: es la otra cantina nostálgica soviética. Como nosotros ya habíamos a la primera, solo nos acercamos a verla desde fuera.
- Toscana: pese a su nombre italiano, tenían comida local y buenos precios. Decidimos cenar aquí por su céntrica situación, en plena avenida del 25 de octubre.
- La Tocana: un restaurante de comida tradicional moderno y bien puesto. Fue una de las recomendaciones del dueño del hostel.
- Cantina soviética de Bender: si tienes más tiempo, puedes acercarte hasta la cantina que hay en Bender. Por lo visto en los comentarios de Google, las reseñas son muy positivas.

Preguntas y respuestas sobre Transnistria
¿Cómo llegar a Transnistria?
Puedes llegar a Transnistria en tu propio coche o en una marshrutka pública desde Chisinau.
- En coche privado. La capital de Transnistria, Tiraspol, está a 70 kilómetros de distancia de Chisinau. La carretera es buena y solo tendrás que parar en la frontera para el control de pasaportes. En nuestro viaje conocimos a una pareja española que viajaba con su autocaravana y no tuvieron ningún problema para pasar.
- En marshrutka (autobús). Entre Chisinau y Tiraspol hay un ir y venir constante de marshrutkas que conectan ambas ciudades. En Chisinau se cogen desde la estación de autobuses, situada al sureste de la ciudad junto al mercado central. El precio del viaje es de 50 leis (2,50 euros) y la duración es menor a las dos horas, incluyendo la parada en la frontera.
Visado y documentación
Si eres español, no necesitarás visado para entrar en Transnistria pero sí el pasaporte. En la frontera con Moldavia solo necesitarás mostrar tu pasaporte y decir dónde te alojarás y por cuánto tiempo. Los agentes fronterizos te darán un papel con los datos de tu estancia que deberás conservar hasta salir de Transnistria, ya que no estamparán ningún sello en tu pasaporte.
¿Es seguro Transnistria?
Nosotros no sentimos inseguridad en Transnistria en ningún momento (agosto de 2025). La vida en Tiráspol, en Bender y en los transportes transcurría con normalidad, con la población trabajando, haciendo sus compras y actividades cotidianas o disfrutando de los parques, como en cualquier otra ciudad occidental. Y aunque apenas hubiese gente de fuera, no nos sentimos observados.
Eso sí, ten en cuenta que Transnistria es un territorio no reconocido internacionalmente y sin representación consular de ningún país. Ten una precaución normal para que no te pase nada y listo.
Sobra decirlo y es evidente, pero por si acaso: la tarjeta sanitaria europea no sirve aquí.

Dinero y moneda en Transnistria
Transnistria tiene su propia moneda, el rublo transnistrio (PRB). Como este país no está reconocido internacionalmente, tampoco lo está su moneda (no tiene código ISO 4217), lo que implica que están fuera de los sistemas bancarios. Es decir, ni tus tarjetas ni las tarjetas virtuales para viajes funcionarán aquí.
Tendrás que llevar efectivo en euros, dólares, leis moldavos…, y cambiarlos en alguno de los bancos y casas de cambio que verás por el centro de Tiráspol. No te preocupes porque verás suficientes opciones y con cambios muy similares.
El cambio en agosto de 2025 era 1 euro = 18 PRB, muy similar al del euro con el lei moldavo.
Calcula bien el efectivo disponible antes de viajar a Transnistria para pagar alojamiento, comida y demás compras que hagas. Lo positivo es que el cambio no penaliza prácticamente por lo que si te quedas corto tras el primer intento, puedes volver a cambiar.
¿Dónde conseguir las famosas monedas de plástico?
El rublo transnistrio actual solo tiene billetes en circulación, pero si hay algo que persiguen los que visitan Transnistria es conseguir alguna de las antiguas monedas de plástico emitidas en 2014 y actualmente ya retiradas de la circulación. Son cuatro monedas de composite con diferentes formas, de 1, 3, 5 y 10 rublos, sin duda uno de los mejores recuerdos que te puedes llevar de vuelta a casa.
Nosotros conocimos dos formas bastante sencillas de conseguirlas en Tiráspol:
- En el banco Agroprombank, situado en la avenida del 25 de octubre, en pleno centro de Tiráspol. Las venden dentro de una carpetita explicativa por unos 7 euros. Un bonito regalo.
- En la tienda de antigüedades soviéticas (calle Karl Liebknecht 377), una visita imprescindible en Tiráspol, sobre todo si buscas llevarte algún recuerdo de tiempos soviéticos.
Volver a Transnistria
Según dejábamos atrás Transnistria, me pregunté si volvería por aquí alguna vez. El país y su población afrontaban meses muy importantes para su futuro, con la celebración de elecciones generales en Moldavia que podrían dictaminar un rumbo u otro tanto en aquel estado como en la propia Transnistria. Mientras, sus habitantes siguen viviendo en una especie de limbo. Apoyados solo por Rusia, pero rodeados de otros dos países: uno de ellos en guerra (Ucrania); el otro, el estado del que te quieres separar.
En Transnistria no hay aeropuerto y las vías de la estación de Tiráspol siguen muertas.

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