Viaje invernal a las Islas Lofoten

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Cuando te dicen que imagines un paisaje de dibujos animados, ¿en qué pensarías? Tiene que ser un lugar capaz de ser dibujado y pintado por un niño. Una hoja de papel, un lápiz y unos colores, sin más ánimo de hacer trazos fáciles donde tenga cabida absolutamente todo: el azul del mar, el verde de la tierra, unos barquitos y una isla con una casita junto a una montaña nevada. Y si, de paso, pintamos el cielo de colores, ya tenemos el cuadro: bienvenidos a las Islas Lofoten.

Como el huevo y la gallina, no sabemos qué vino primero, si el fantasioso paisaje de Lofoten o la imaginación del niño. Bromas aparte, no se me ocurre mejor manera de describir aquel lugar.

Mi primer viaje para ver las auroras boreales no podía pasar de largo una visita exprés a las Islas Lofoten. Haber llegado tan lejos, hasta Tromso, la capital ártica de Noruega, en diciembre, pedía algo más. A mí, que me encanta bucear en los mapas y rastrear Google Maps hasta el extremo, ver las Lofoten tan cerca de Tromso solo podía tener un final.

La intencionalidad de un viaje al norte de Noruega en pleno invierno no es otra que ver las auroras boreales. Con escasas tres horas de crepúsculo (que no de luz), poca visita diurna se puede pretender. Eso… y admirar un alucinante paisaje nevado.

Como objetivo, descubrir las que dicen que son las islas más bonitas del mundo. ¿Te atreverías?

¿Dónde están las Islas Lofoten?

Las Islas Lofoten se encuentran al norte de Noruega y del Círculo Polar Ártico, en la provincia de Nordland. Se sitúan entre las ciudades costeras de Tromso (al norte) y de Bodo (al sur), en pleno Mar de Noruega.

Las Lofoten constituyen un archipiélago de seis grandes islas escasamente pobladas (apenas 25.000 habitantes), y cientos de islotes y peñascos que salpican toda esta costa ártica.

El Reinefjord, a las espaldas de la localidad de Reine.

¿Cómo llegar a Lofoten?

Hay varias maneras de llegar hasta las Islas Lofoten, ya sea por tierra, mar o aire. Por carretera, es posible hacerlo en coche o en autobús, desde las ciudades de Bodo, Narvik o Tromso. Hay que tener en cuenta la duración de los viajes por carretera en esta parte de Noruega, ya que no hablamos de autopistas o vías rápidas precisamente.

Sin embargo, pensando en encajar Lofoten dentro del viaje a Tromso para ver las auroras, probé la combinación de avión para la ida y barco para la vuelta, con intención de experimentar esos transportes sin perder mucho tiempo y, de paso, dar opciones a la aurora para aparecer en alta mar.

De Tromso a las Islas Lofoten en avión

La aerolínea local Wideroe conecta a la perfección el norte de Noruega, con enlaces entre los pequeños aeropuertos que se reparten por islas y ciudades de la costa noruega (mapa de rutas de Wideroe). En Lofoten, da servicio a Svolvaer y Leknes, los dos aeropuertos del archipiélago.

Así que me decidí por el vuelo Tromso-Leknes para llegar directo al corazón de Lofoten, en la zona donde comienza la parte más bonita de las islas. Al viajar en invierno, uno ya cuenta con tener un vuelo nocturno, aunque el resplandor permitía adivinar desde el aire esa fantasía de territorio de islas, tierras escarpadas y mar que se desplegaba bajo nuestros pies. Sin duda, tocará volver con horas de luz.

Un aterrizaje sobre la nieve

El vuelo de Wideroe era a bordo de un pequeño Dash 8-100 (De Havilland Canada Dash 8), un aparato con capacidad para casi 40 pasajeros. ¡Nunca había volado en un avión tan pequeño! Despegamos de un Tromso tremendamente nevado para dirigirnos al pequeño aeropuerto de Leknes, con una pista de apenas 1.070 metros de longitud. La aeronave aterrizó cómodamente sobre una pista parcialmente blanca, aunque no pude comprobar la densidad de la fina capa de nieve.

El pequeño avión de Wideroe que nos llevó de Tromso a Leknes.

El avión, tras desembarcar a los pasajeros que nos quedábamos en Leknes, continuó inmediatamente su ruta hacia la ciudad de Bodo. Todo un autobús aéreo.

La terminal de Leknes es un minúsculo edificio, un mero refugio donde instalar los servicios más básicos para los pasajeros. Entre ellos, un representante del alquiler de coches, fundamental para iniciar el periplo por las islas.

El minúsculo edificio del aeródromo de Leknes, nevado.

El coche de alquiler esperaba con sus indispensables neumáticos con clavos, listos para circular. Había mucha nieve, pero nada comparable con el espesor que se acumularía durante aquella noche.

De las Islas Lofoten a Tromso, por mar

En un archipiélago como este, en el que el mar cobra un protagonismo especial, era inevitable probar el viaje en barco. Y qué mejor manera de hacerlo para regresar a Tromso. La emblemática naviera Hurtigruten, que recorre toda la costa noruega, permite subirse a sus cruceros entre dos puertos, sin necesidad de hacer la ruta completa.

El crucero Spitsbergen, de la compañía Hurtigruten, esperando en el puerto de Svolvaer.

Os cuento un poco más sobre el viaje en barco de Lofoten a Tromso al final del artículo.

Qué ver en las Islas Lofoten en invierno

Con tres horas de luz, nieve y frío, la premisa estaba clara: dedicar la corta luminosidad a visitar pueblos y escenarios a pie de carretera durante dos días. La noche quedaba reservada para los trayectos y observar el cielo, esperando (y deseando) la aparición la aurora boreal.

El mapa de carreteras de Lofoten no deja lugar a dudas sobre el camino a seguir. Realmente solo hay una carretera principal, la E10, la carretera del Rey Olaf, que recorre las principales islas del archipiélago de punta a punta. Imposible perderse. Fuera de ella no se puede hacer prácticamente nada con el nivel de nieve de diciembre, salvo recorrer alguna carretera menor hacia algún punto concreto.

Reine

La icónica Reine, quizás uno de los lugares más fotografiadas de Lofoten. El escenario que envuelve a Reine es de infarto. Una pequeña península con un fiordo a sus espaldas y rodeada de milenarias montañas que caen hasta el nivel del mar.

Reine es el pueblo ártico por excelencia, el que copa guías y postales. Son apenas 300 personas, un pintoresco núcleo de casas y ambiente pesquero, donde los secaderos de bacalao cobran protagonismo.

Ya hemos comentado que viajar en invierno a estas tierras imposibilita mucho el poder visitar y recorrer cada lugar. No veníamos a eso esta vez. Pero no podíamos dejar pasar el considerado pueblo más bonito de Noruega. Tocará volver en verano para subir a la cima del Reinebringen y dejar Reine a nuestros pies.

Hamnøy

No hay más que ver la vista en Google Maps para entender de qué estamos hablando, entre Reine y su vecina Hamnøy:

La carretera E-10 serpentea como puede, entre islote e islote, valiéndose de los característicos puentes encorvados tan presentes en la zona.

Hamnøy no es más que otro minúsculo núcleo pesquero. Su puente ofrece otra excelente vista de las cimas que envuelven el Reinefjord. 

Å

Sí, Å es el nombre de este lugar, el topónimo más corto del mundo y el final de la carretera que recorre las Lofoten. Realmente hay más lugares llamados Å, en este caso el topónimo completo es Å i Lofoten. Su significado no es otro que arroyo y además es la última letra del alfabeto noruego. Por cierto, en español se pronuncia «o».

No es que encontremos en Å un pueblo diferente a los anteriores, pero había que llegar hasta aquí, hasta el final del camino. De nuevo, quedará para otro año caminar por los alrededores y visitar las cimas que continúan allá donde la carretera ya no lo puede hacer.

Merece la pena acercarse a pie hasta el mirador que hay un poco más adelante del aparcamiento. La costa de esta isla de Moskenesoya prosigue, montañosa, desértica, hacia el final occidental del archipiélago de las Lofoten.

Decimos que Å es el topónimo más corto. En otro artículo del blog ya os hablé del nombre de estación de tren más largo del mundo, que está en el norte de Gales.

Skagsanden

Otro de los impactos que Lofoten deja en tu retina es cuando ves una playa por primera vez. En pleno diciembre, con un paisaje nevado por todas las esquinas, batida por un mar bravo con un viento casi insoportable, te encuentras con ese paisaje que hasta ahora te sonaba más a National Geographic. La playa de Skagsanden es una de las más bonitas de Lofoten y el desvío hasta aquí es de obligado cumplimiento.

Seguimos con paisajes de dibujos animados. Una fusión de agua, nieve, rocas y montañas pegadas al mar componen este escenario propio de fondo de escritorio. Algunas hierbas dunares superan la capa de nieve y confiesan que estamos ante una playa. Es el único rastro de vida en un escenario que nos lleva la mirada a la orilla, donde olas y nieve se encuentran.

Skagsanden es uno de los lugares más conocidos para ver la aurora boreal en las Islas Lofoten. No pudo ser en esta ocasión, pero no hay más que ver algunas fotografías en internet para hacerse una idea de cómo puede ser el espectáculo desde aquí.

No puedo parar de pensar en cómo será este lugar en modo verano.

La playa de Haukland (Hauklandstranda)

Haukland puede ser la playa más famosa, bonita y fotografiada de las Lofoten. Otro escenario de vértigo a pie de costa, otra barbaridad de la naturaleza. Por si todos los ingredientes no fuesen ya suficientes, por si el espectador no tuviese ya con todo esto, en Haukland el aderezo es una deliciosa bahía que envuelve la playa. El modo invierno nos ofrece un paisaje alejado de lo que mentalmente conocemos como playa. ¿Cómo será en modo verano? Mi imaginación me ofrece un viaje a un rincón de Hawaii verde, montañoso y rodeado de agua. Seguimos sumando razones para tener que volver sin nieve y empezar de cero en el Ártico.

La playa de Haukland, espectacular en invierno.

Pero estamos viendo la playa de Haukland en invierno y hay que darle su valor. Es especial estar aquí. Quien viaja a Lofoten lo hará en primavera o verano, con toda la lógica del mundo, así que venir en invierno es algo casi único.

El tiempo apremia. Nuestras tres horas de luz tienen un valor incalculable y toca seguir. Chincheta de futuro en Haukland para hacer alguna de las rutas de senderismo que suben a las cimas cercanas y permiten ver esta maravilla desde arriba.

Henningsvær

Si estás preparando tu viaje a Lofoten, seguro que ya has visto la foto del campo de fútbol pegado al mar. Una espectacular imagen (aérea, eso sí) de un rectángulo verde esplendoroso insertado en un modelado islote rocoso más de las Lofoten, rodeado de agua y montañas nevadas.

Henningsvær no es más que otro minúsculo pueblo de pescadores indispensable en todo viaje por las Islas Lofoten. La penumbra no da tregua y los últimos minutos de escasa luz dan justos para llegar a ver el archiconocido campo de fútbol a todo correr.

Pero el pueblo en sí es curioso: dos islas unidas por un puente que dejan su puerto en el canal de agua que queda entre ambas. Una original disposición para proteger a los barcos, ya que el exterior de las islas se expone al mar abierto. Y se mantuvieron aisladas por carretera hasta 1981, cuando se construyó la carretera que las une con el resto de Lofoten.

El famoso campo de fútbol de Henningsvaer.
El puerto de Henningsvaer, al anochecer.

Parece mentira que estemos aquí. Una ubicación impresionante, una más. Miras a esa especie de canal que queda entre ambas islas y, al fondo, te espera una montaña cerrando el decorado. ¿No estábamos en el mar?

Decir pintoresco es quedarse demasiado cortos. Por cierto, Henningsvær es algo más que paisajes, skrei (bacalao) y el campo de fútbol. Aquí también se respira arte con la presencia de varias pequeñas galerías como Kaviar Factory o Galleri Lofoten Hus. Y, si puedes, tómate un café con un trozo de tarta en el Henningsvær Lysstøperi & Cafe.

Svolvær

Svolvær es el principal núcleo de población de todas las Islas Lofoten, su capital oficiosa, con unos 4.500 habitantes. También es uno de los puertos que comunica las islas con el resto de Noruega y el punto donde podemos coger el barco de Hurtigruten para regresar a Tromso.

El pueblo en sí ejerce de cabecera de comarca y cuenta con uno de los dos aeropuertos de Lofoten y un gran puerto, comparado con lo visto hasta el momento en las islas.

Un museo con cuadros pintados por Hitler

Svolvær esconde un curioso museo sobre la Segunda Guerra Mundial, el Lofoten Krigsminnemuseum, o Museo de la Guerra de Lofoten, que está plagado de objetos y fotografías sobre la contienda. Noruega, país neutral en el conflicto, fue ocupada por la Alemania nazi tras la Operación Weserübung, una invasión que llegaría hasta las Islas Lofoten.

William Hakvaag es el padre de este museo, es fruto de un enorme trabajo de recolección de historias y objetos durante medio siglo. Así surge el museo, inaugurado en 1996 en la antigua oficina de correos de Svolvaer.

Son muchos los objetos, fotografías o notas que atesora esta colección, todos ellos de una calidad y valor indiscutibles. Uno de los más famosos, un ejemplar de la máquina enigma nazi, para la codificación de mensajes.

Una máquina enigma original es uno de los objetos más preciados del Museo.

Pero los que más sorprenden son sin duda, un conjunto de acuarelas pintadas por el mismísimo Adolf Hitler. Si este hecho es de por sí curioso, que cuatro de ellas sean Pinocho y tres enanitos de Blancanieves no puede ser más gracioso, viniendo de uno de los personajes más siniestros de la historia de la Humanidad.

¿Qué hacen unos cuadros pintados por Hitler aquí? ¿Son auténticos? Para empezar, están firmados por A.H., algo que podría ser casualidad. El tirano pintó numerosos cuadros a lo largo de su vida. En el caso de estas acuarelas, estaban escondidas dentro de otra pintura de un paisaje alpino firmada por Hitler, que había sido conservada por una señora tras la guerra y luego vendida en una subasta al propio William Hakvaag. Al sacarla de su marco, Hakvaag descubrió que escondía otras cuatro láminas, ¡los tres enanitos y un Pinocho!

Hitler pintó a los enanitos de Blancanieves, una de sus películas favoritas.

¿Dibujaba Hitler a los tiernos enanitos mientras enviaba al mundo al desastre? Se sabe que Blancanieves y los Siete Enanitos era una de las películas favoritas del líder nazi. La vida nunca dejará de sorprendernos.

Si eres amante de las historias sobre la IIGM, guarda un par de horas para esta visita.

En barco de Lofoten a Tromso

La tarde en Svolvaer no daba para más y ya tocaba enfilar hacia el puerto, hasta la llegada del barco de Hurtigruten con destino Tromso. A bordo del crucero Spitsbergen tendríamos una nueva oportunidad de presenciar la aurora boreal que en Lofoten no tuvo el gusto de aparecer.

Por delante, casi 20 horas de viaje. Pese a la larga duración, creo que compensa. Uno, añado una experiencia más al viaje, por el mar, con el privilegio de observar la noche ártica y el amanecer a bordo de un barco. Dos, con un billete se resuelte el tema viaje+alojamiento, con su consecuente ahorro de dinero. Y tres, damos un nuevo intento para ver la aurora.

El barco no tiene entretenimiento, pero sí una gran sala-restaurante donde poder cenar y tomar algo. De noche ofrecen una taza de sopa de pescado en la cubierta, un gesto de comida tradicional con los viajeros.

Noche mágica a bordo del Hurtigruten

El barco avanza. Escudriñas el cielo con una precisión casi de astrónomo. No pierdes la esperanza de ver algún leve tinte verde en la oscuridad de la noche. Observas la bóveda celeste hacia los cuatro puntos cardinales. No es negra. El cielo parece desprender una luz que lo vuelve grisáceo. Las estrellas, los planetas, se ven como nunca. Bajas la cabeza y esa iluminación se traslada al relieve de la cercana costa. Son las 12 de la noche y ves a la perfección la línea del litoral. Qué noche.

Los colores de la noche en el Ártico son pura magia.
El mágico amanecer desde la popa del barco.

Madrugo para desayunar a gusto en el buffet y salir a la cubierta antes de que amanezca. Las 8, las 9 de la mañana y sigue siendo de noche. El barco hace un par de paradas en su devenir por esta especie de rías noruegas.

Nos aproximamos a las 2 de la tarde, el escueto día llega a su fin y la noche cae sobre nuestras cabezas mientras se divisa Tromso. Una maravillosa entrada en la capital ártica, con la luna llena iluminando la ciudad poniendo el broche de oro a este viaje. Se acaba este viaje exprés a las Islas Lofoten con un único pensamiento: volver.

La espectacular llegada nocturna a Tromso, sobre las dos de la tarde.

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