Brest, símbolo de la resistencia y puerta de entrada a Bielorrusia

Una ciudad fundamental en la historia del siglo XX

El monumento al Valor, en la fortaleza de Brest.
0

Se suele decir que viajar a Bielorrusia es como vivir un viaje al pasado. El salto a una realidad distinta a la que vivimos en Europa occidental. En mi viaje a Bielorrusia y Rusia, decidí entrar en el pequeño país ex soviético en tren, a través de la frontera con Polonia. Allí me esperaba Brest, la ciudad fronteriza en el lado bielorruso, un hito de la historia en el que puse la mira desde que me planteé este viaje.

No hay nada más frío que entrar en un país a través de un aeropuerto. Salvo excepciones, se pierde el encanto que acompaña el paso a otro territorio. Es más, en lugares como el que nos ocupa, la parafernalia de frontera no sería igual.

Estudiando el viaje, descubrí que Brest está en la línea de tren Berlín-Varsovia-Minsk-Moscú, tras cruzar la frontera desde Polonia. Era el plan perfecto para llegar a Bielorrusia. Al no hacerlo a través del aeropuerto de Minsk, esto me obligaba a sacar un visado, como te explico en mis consejos de viaje a Bielorrusia.

Brest, puerta de entrada a Bielorrusia

El tren procedente de Varsovia hace una larga pausa en Terespol, la ciudad en el lado polaco de la frontera, último territorio en la Unión Europea. Hay un tren con vagones chinos en la vía de al lado. Poco antes de partir, sorprendido, el guarda fronterizo polaco me desea «suerte» en inglés tras verificar la documentación. Me debato entre reír con él o sospechar, pero no le doy más vueltas. El tren arranca de nuevo, muy despacio, como acostumbra suceder al cruzar una frontera. Tengo memorizado el recorrido y sé que el río Bug Occidental anuncia la entrada en Bielorrusia.

En los primeros metros en Bielorrusia se percibe algún tipo de cuartel. Frontera caliente en la historia, a la postre, zona militarizada. El tren se detiene al llegar al puesto fronterizo, un kilómetro antes de llegar a la estación de Brest. Otra hora aquí para revisar el tren y ser aceptado. Guardas y perros revisan cada vagón. Se sorprenden por mi presencia, un español con sendos visados para Rusia y Bielorrusia. Imposible comunicarse unos mínimos, ni palabra de inglés. La señora ucraniana que me acompaña en el compartimento, tampoco. Tras varias vueltas con mi pasaporte y hacernos entender, todo está correcto. El tren arranca de nuevo. Minutos después, me bajo en la estación de Brest.

Andenes estación de tren de Brest
Llegada del tren procedente de Varsovia.

Intento combinar mi capacidad de observación con una relativa discreción que me haga pasar desapercibido. Una pasarela elevada atraviesa la gigantesca playa de vías hacia el edificio principal de la estación. La estación tiene un importante trasiego de gente local que circula ida y vuelta por la pasarela, sin una mínima presencia forastera.

La estación de tren de Brest tiene esa clásica estética soviética, con la inevitable estrella en un pináculo. Es una estación con dos playas de vías diferenciadas, las de ancho internacional y las de ancho ruso (este último, muy similar al ancho ibérico), cada una a un lado del edificio. Una curiosidad que en España se da en las estaciones de Canfranc o Portbou. En Brest, las vías dirección Varsovia tienen ancho internacional y las vías dirección Moscú tienen el ancho ruso. Ambas están diferenciadas en los propios indicadores de la estación.

Una ciudad fundamental en la historia

¿Cuál es la historia de Brest que nos hace venir hasta aquí? Una ciudad fronteriza como esta tenía que estar en los libros de historia. Y lo está, sobre todo por dos motivos que nos recordarán a las clases de historia del instituto: el Tratado de Brest-Litovsk y la invasión nazi a la URSS.

El Tratado o Paz de Brest-Litovsk fue el tratado de paz que firmaron el 3 de marzo de 1918 las Potencias Centrales (el Imperio Alemán, el Imperio Austrohúngaro, el Imperio Otomano y Bulgaria) y la nueva Rusia salida de la Revolución de Octubre, por el que se ésta abandonaba la Primera Guerra Mundial y renunciaba a Finlandia, Polonia, Estonia, Lituania, Ucrania, Livonia, Curlandia y Besarabia.

Entonces, Brest se llamaba Brest-Litovsk y era territorio ruso. Aunque esta ciudad cambió de manos varias veces a lo largo de la historia, siendo polaca o lituana, entre otras soberanías.

La batalla de la Fortaleza de Brest

Pero si por algo es un símbolo Brest hoy en día, es por ser la ciudad en la que la Alemania nazi comenzó la Operación Barbarroja para invadir la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial. El 22 de junio de 1941, de madrugada, sin una declaración de guerra anunciada, las tropas alemanas preparadas al otro lado del río fronterizo, abrían fuego de mortero contra la fortaleza de Brest, donde había dos regimientos. El ataque pilló por sorpresa a los soviéticos que no pudieron evitar la toma de varios puentes por parte enemiga, cediendo así el paso hacia la fortaleza.

fortaleza Brest puerta Kholmskie
La puerta Kholmskie de la fortaleza de Brest.

La fortaleza de Brest caería en manos alemanas el 29 de junio, tras varios días de ataques por tierra y aire, dejando un balance de 2.000 víctimas mortales rusas, frente al medio centenar en el lado alemán. Lo que pretendía ser una victoria fácil dentro de la guerra relámpago nazi, se convirtió en una larga batalla de una semana que anticipó a Hitler lo que le podría esperar en territorio soviético. En agosto de 1941, Hitler y Mussolini visitarían la fortaleza.

Por ello, la fortaleza de Brest se convirtió en un símbolo del heroísmo y la resistencia soviéticos, y hoy es un importante memorial y museo sobre la Gran Guerra Patriótica, que es la manera en la que los rusos llamaban a la Segunda Guerra Mundial. Brest es una de las llamadas Ciudades Heroicas, título honorífico soviético por el heroísmo demostrado por sus ciudadanos entre 1941 y 1945.

Qué ver en Brest

Como primeras horas en Bielorrusia, visitar Brest trae emparejado observar este desconocido y aislado país. A mi llegada, abandono la estación para dirigirme a mi alojamiento, el hotel Maladziožnaja, a escasos cinco minutos caminando. Repaso el mapa con la recepcionista y me pongo a explorar la ciudad.

La primera curiosidad que llama la atención es la presencia de trolebuses, un medio de transporte común en el este de Europa, pero desaparecido en España (Pontevedra fue la última ciudad española en tenerlos en servicio, hasta 1989).

El centro de Brest es bastante pequeño y cómodo para pasear, con algunas calles peatonales y bulevares.

La Fortaleza de Brest

Ya hemos conocido qué pasó en la fortaleza de Brest. Hoy, la vieja ciudadela alberga un espectacular memorial dedicado a la Gran Guerra Patriótica, es decir, la Segunda Guerra Mundial desde la óptica soviética. Además de poder conocer la propia fortaleza construida en el siglo XIX, el espacio es un espectacular lugar de homenaje al papel del Ejército Rojo en el ataque a Brest, con diferentes monumentos en memoria de aquellos hechos. Hay que recordar que la URSS perdió a más de 26 millones de personas en la Segunda Guerra Mundial, de los que 8,5 eran soldados.

Las referencias a la extinta Unión Soviética están siempre presentes en el Memorial. La impresionante puerta de entrada al recinto es un buen ejemplo, con la silueta de una gran estrella socialista a modo de túnel de acceso, en cuyo interior se pueden escuchar discursos y sonidos de la guerra.

Brest entrada fortaleza
El túnel con forma de estrella para entrar en la fortaleza.

El Monumento al Valor

La estrella nos conduce directamente a una avenida que se adentra en el interior de la fortaleza. Varios tanques soviéticos nos dan la bienvenida. Al fondo, en el centro de la explanada, el monumento más espectacular e impactante de todo este viaje: el Monumento al Valor. Esa escultura de tamaño gigante representa la cabeza de un soldado en una roca, junto a obelisco gigante con una llama eterna y los nombres de los que murieron en el cerco de Brest durante la Operación Barbarroja.

La CNN lo eligió como uno de los monumentos más feos del mundo. Gustos aparte, el conjunto impresiona, y mucho.

monumento courage Brest
El monumento al Valor y el gigantesco obelisco.

monumento Courage Brest

También se conserva la catedral de San Nicolás, que sirvió de refugio a un pequeño contingente soviético durante los primeros días del ataque nazi.

Pero además de recorrer toda esta simbología en homenaje al Ejército Rojo, otro elemento de interés es recorrer la propia fortaleza, que presenta un excelente estado de conservación. Todavía quedan restos de disparos en muchos lugares, como en la puerta de Terespol, en el extremo occidental, que desemboca en el río Bug.

Algunas de las construcciones de la fortaleza albergan varios museos y otros elementos muy interesantes:

  • Museo de Guerra, Territorio de Paz: incluye una sala de guerra que recrea un bombardeo.
  • Museo de los Héroes de la Defensa de Brest: la historia del sitio de Brest, al detalle.
  • La estatua de la Sed: un soldado sediento arrastrándose para poder beber. Una impresionante pieza de realismo socialista.
  • Museo Arqueológico Berestye: una excavación arqueológica con restos de entre los siglos X y XIV, que posiblemente sean los orígenes de Brest. Se accede cruzando el puente tras la puerta Kholmskie.
Estatua de la Sed en fortaleza de Brest
La estatua de la Sed y el monumento al Valor en el fondo.

El Parque de la Ciudad

De camino desde el centro de Brest hacia la fortaleza podemos hacer una parada en el principal parque de la ciudad. Es un agradable espacio donde podemos encontrar desde estanques y animales sueltos, hasta un auditorio al aire libre o un pequeño recinto con atracciones de feria.

En el parque encontraréis el restaurante У озера (traducido «En el Parque»), que os recomendaré más adelante en este artículo.

Museo del Ferrocarril de Brest

Muy cerca de la entrada de la fortaleza está el Museo del Ferrocarril de Brest, un espacio al aire libre que cuenta con 56 piezas de material rodante, entre locomotoras y vagones. La colección va desde un tren hotel de 1903 que cubría la línea Moscú-Brest de la época zarista, hasta los más modernos trenes proletarios soviéticos, el más reciente de 1988.

Este museo es una gran oportunidad para los entusiastas del mundo del tren.

Locomotoras en el Museo del Ferrocarril de Brest.
Locomotoras en el Museo del Ferrocarril de Brest.

Estación de tren de Brest

Ya hemos comentado la curiosidad que guarda esta estación con sus dos anchos de vía. Pero el edificio en sí también merece la pena ser observado, sobre todo por sus constante simbología soviética, tanto en la fachada exterior como en las salas interiores. Es un edificio de estética noble, que llama la atención por su torre coronada por una estrella soviética.

estación de tren de Brest
Fachada principal de la estación de tren de Brest.

El actual edificio se construyó en los años 50. El edificio anterior, levantado en 1886, fue la primera estación rusa en contar con iluminación eléctrica. Lamentablemente, acabó destruido en la Primera Guerra Mundial.

Plazas y calles de Brest

La plaza Lenin

Uno de los principales lugares de interés del centro de Brest es la plaza Lenin (Ploshchad Lenina), donde se encuentra la estatua del líder de la Revolución soviética y primer Jefe de Gobierno de la URSS. Esta amplia plaza, acompañada de la avenida Lenin, alberga varios edificios oficiales, como el Comité Ejecutivo Regional.

Monumento Lenin en Brest
La estatua de Lenin en Brest.

La calle Sovetskaya

La calle Sovetskaya (vulica Saveckaja) es la principal arteria peatonal de Brest y es un fantástico lugar donde parar en un café o buscar un restaurante para cenar. Al atardecer, esta calle se llena de vida, con un gran ambiente y mucha gente poblando bares y restaurantes.

Brest es una de las tres ciudades europeas que todavía emplean faroleros para encender farolas en algunas calles, al haber todavía 17 lámparas de queroseno. Las otras son Breslavia (Wroclaw), en Polonia, y Londres, que todavía conserva unas 1.500 lámparas de gas. Precisamente, cada atardecer, la calle Sovetskaya reúne a los curiosos que quieren presenciar este particular procedimiento. El farolero, uniformado para la ocasión, acude con su escalera y enciende manualmente cada farola.

La calle Gogol

La calle Gogol (vulica Gogola) es una avenida con curiosas esculturas de farolas y lámparas, instaladas aquí en 2013, año del milenio de la ciudad. Muchas de estas lámparas están inspiradas en obras del novelistas ruso Nikolai Gogol.

Iglesias

Además de la catedral de San Nicolás situada dentro de la fortaleza, en Brest hay algunas otras iglesias de interés, como la Iglesia Svyato-Nikolaevskaya Bratskaya con sus características cúpulas azules.

Parque Nacional de Belavezhskaya

A 55 kilómetros al norte de Brest se encuentra el Parque Nacional de Belavezhskaya, uno de los bosques protegidos más grandes de Europa y que forma parte de la lista de Patrimonio de la Humanidad.

Este espacio de 150.000 hectáreas mide unos 65 kilómetros de norte a sur, una vasta reserva compartida entre Bielorrusia y Polonia que cuenta con más de 120.000 especies animales diferentes y cuyo símbolo es el bisonte, el mamífero más grande del continente europeo.

Se estima que el parque cuenta con unos 300 bisontes, además de ciervos, linces, jabalíes, caballos, lobos, alces, visones, castores y otras muchas especies.

Para visitar el parque es posible realizar tours en autobús, rutas en bicicleta así como caminando.

Información práctica

Comer y dormir en Brest

  • Hotel Maladziožnaja: desde la estación de tren, coge la pasarela peatonal que vuela por encima de las vías hacia el centro de Brest y prácticamente te deja en el hotel. Hotel sencillo y limpio, con un baño muy ochentero y desayuno incluido en una cafetería aledaña.
  • Restaurante У озера, en el parque de la ciudad. Un lugar de estética muy rústica pero con una amplísima carta de platos. Es una buena opción para adentrarnos en la gastronomía bielorrusa. Cuenta con cartas en inglés y una amplia terraza con vistas al estanque del parque.

Visado gratuito para Brest

Es posible entrar de manera libre en Brest desde Polonia si no se sale de esta región hacia otras partes de Bielorrusia. Tanto la región de Brest, como la región de Grodno, están consideradas regiones libres de visado y pueden ser visitadas hasta 15 días. El trámite simplemente requiere una serie de requisitos previos a preparar antes del viaje.

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

This website uses cookies to improve your experience. We'll assume you're ok with this, but you can opt-out if you wish. Accept Read More