El Camino de Santiago en una semana

¡Buen Camino!

Paisaje rural del interior de Galicia.
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Te queda una semana de vacaciones y no sabes muy bien qué hacer. Buscas algún plan activo no muy caro y, como no tienes mucho margen de tiempo, prefieres algo que no requiera reservar aviones u hoteles. No te vayas muy lejos. Te propongo hacer el Camino de Santiago en una semana. Sin prisas. Es el tiempo perfecto y el Camino es el plan perfecto para ese tiempo. Descubre mi propuesta para hacer el Camino de Santiago en siete días.

El Camino en siete días

En el Camino de Santiago no hay etapas predefinidas, sino que puedes organizarte a tu gusto. Ni tiene un inicio ni se hace «entero» como muchos te dirán. El principio lo marcas tú. Recuerda que para obtener la Compostela hace falta hacer un mínimo de 100 kilómetros a pie o 200 kilómetros en bicicleta o a caballo.

El Camino Francés, el más popular, cuenta con alojamientos constantemente, por lo que no tienes que ceñirte a las etapas tradicionales de las guías para poder hacerlo con tranquilidad y sin mucha planificación.

Mi propuesta para hacer el Camino de Santiago en siete días tiene varios ingredientes:

  • Tenemos siete días, una semana de vacaciones, del fin de semana 1 al fin de semana 2.
  • Queremos hacer la etapa de entrada a Galicia, con la famosa y exigente subida al Cebreiro.
  • Queremos llegar a Santiago en sábado para disfrutar de la ciudad por la noche, dormir allí y el domingo ir a la Misa del Peregrino (te lo recomienda un ateo confeso) y volver a casa.

Con estas condiciones y nuestra experiencia, rompemos un poco el esquema clásico de las etapas del Camino Francés en Galicia, con el fin de ganar unas horas y llegar a Santiago al séptimo día por la tarde, en lugar de los ocho días desde Villafranca del Bierzo. La idea es que sea factible en una semana de vacaciones, contando con un día para llegar al lugar de salida, otro para volver a casa y con la condición de pasar la noche del sábado en Santiago de Compostela.

Recuerda mis consejos de presupuesto para hacer el Camino de Santiago, un viaje-aventura muy barato, y algunas recomendaciones que debes seguir para preparar la mochila del Camino.

Etapa 1: Villafranca del Bierzo – O Cebreiro (28,4 km)

DOMINGO. Pilas cargadas, motivación a tope, así que un etapón para empezar. Transición de Castilla a Galicia, aunque El Bierzo tiene casi más de gallego que de castellano. Los paisajes así lo atestiguan. La etapa arranca en la bonita Villafranca del Bierzo, histórico lugar en las puertas de Galicia.

Perfil de la primera etapa
Perfil de la primera etapa

Al salir de Villafranca se atraviesa una parte un tanto pesada, quizás la más fea de toda la semana. Con la autovía A-6 rondándonos, recorremos una zona más o menos llana, por carretera en su mayor parte, salvo en los oportunos desvíos a los núcleos de Trabadelo, Ambasmestas o Vega de Valcarce. Es en el pueblo de Las Herrerías donde nos separamos y comienza la exigente ruta por el monte.

La subida al Cebreiro es espectacular. Se nota que empezamos a ganar altura. Hay rampas duras, incluso pedregosas. De hecho, el Camino para bicicletas se separa por la carretera. Si hace sol, la parte alta de la subida se hace dura al escasear las zonas de sombra, por lo que ve bien preparado. Haz alguna pausa, estás afrontando una etapa de casi 30 kilómetros con la mitad de ellos de ascenso. Parece que nuestro destino no llega nunca. Uno de los hitos de esta etapa es el mojón que marca la entrada en Galicia, lugar para tomar una foto.

O Cebreiro es la deseada meta para nuestro primer y duro día. Un poblado en torno a una de las iglesias más famosas del Camino, Santa María la Real. Allí daba misa Elías Valiña, creador de la famosa flecha amarilla del Camino de Santiago. La tarde en O Cebreiro la podemos dedicar a husmear alguna de las tiendas de souvenirs o ir directamente a por las primeras cervezas peregrinas, en alguno de los bares del pueblo. Para cenar, nada como un reconfortante y vigorizante caldo gallego, perfecto si refresca de noche y, en mi opinión, remedio para casi todos los males.

iglesia de Santa María la Real de O Cebreiro
La iglesia de Santa María la Real de O Cebreiro.

Etapa 2: O Cebreiro – Triacastela (21,1 km)

LUNES. Si algo tiene dormir en el albergue de O Cebreiro es su privilegiada posición en las montañas. Notarás que la gente se agita bien temprano. Levántate y sal fuera inmediatamente para ver el amanecer. Si tienes suerte, un mar de nubes tapará los valles, como si de un suelo se tratase, entre los picos de las viejas montañas gallegas. En escasos minutos habrá amanecido. Hora de salir.

Perfil de la segunda etapa
Perfil de la segunda etapa

Tras el esfuerzo de la primera etapa, la segunda es un pequeño alivio para nuestras piernas, al tener un perfil de bajada. La única dificultad la tenemos casi al inicio. Tras el descenso inicial desde O Cebreiro, a escasos kilómetros nos encontramos con el Alto de San Roque y el Alto do Poio, que nos devuelven a cotas de 1.300 metros de altitud. Será en la aldea de Fonfría donde abandonaremos la montaña para comenzar un progresivo descenso hacia Triacastela con un desnivel en la etapa de casi 700 metros.

Amanecer en O Cebreiro
Mar de nubes y amanecer desde el albergue del Cebreiro.

El entorno es espectacular, es una de las etapas más bonitas de la semana. Se atraviesan bosques autóctonos gallegos, aldeas y riachuelos, un paisaje propio del interior de Lugo.

Y llegaremos a Triacastela, un pequeño pueblo de apenas 600 habitantes que vive por y para el Camino. En su calle principal encontrarás hostales, bares y restaurantes. Es la hora de comer, llegada perfecta a destino para caer en alguno de los menús del día que ofrecen y que sabrán a gloria.

El albergue público de Triacastela está al principio del pueblo, enfrente del restaurante Peregrino. Es un albergue con habitaciones de menor capacidad, a diferencia de la gran habitación comunitaria del albergue de O Cebreiro, pero está perfecto. Tiene tendales en el césped de fuera para colgar la ropa. Terminaremos el día de cervezas en la terraza del bar Peregrino, con un ojo puesto en el albergue para volver justo antes de que cierren las puertas, sobre las 10 de la noche.

Etapa 3: Triacastela – Sarria (24,7 km, por Samos)

MARTES. Tercera etapa y primera gran decisión. El Camino se bifurca y podemos optar por seguir el habitual (por San Xil) o coger la alternativa a Samos. Mi opción y recomendación es esta última, para visitar el Monasterio de Samos, uno de los monasterios más famosos de Galicia. La desviación añade unos siete kilómetros, pero la parada en Samos merecerá la pena.

Perfil de la tercera etapa
Perfil de la tercera etapa

El recorrido continúa por un paisaje similar al del día anterior, un paisaje del interior de Galicia, con frondosos bosques, pequeños ríos y muy rompepiernas. La tranquilidad de los bosques te inunda y relaja, dejando el cansancio al margen. Apenas hay núcleos de población, a diferencia de la Galicia costera, tan poblada y urbanizada. La aldea medio abandonada de San Cristóbal El Real nos regala una bella imagen de casas tradicionales y molinos de agua sobre el lecho de un río.

Tras serpentear entre los montes se nos aparece, al fondo, el Monasterio de Samos. La abadía fue recuperada tras el incendio que asoló el edificio en 1951 y hoy continúa ocupada por los benedictinos, además de tener una hospedería para peregrinos. Hay visitas guiadas durante todo el día, por lo que es posible hacer una pausa, dejar la mochila a un lado, y conocer el monasterio.

monasterio de Samos entre la niebla
De repente, entre bosques y nieblas, aparece el Monasterio de Samos.

La pausa de Samos debe terminar porque todavía quedan por delante casi 15 kilómetros. Se percibe un tanto de pereza en las piernas, fruto de la visita turística. El camino sigue el curso del río Sarria, destino final de esta jornada. Se atraviesan varias aldeas en un entorno de típico paisaje rural gallego, entre fincas y pequeños montes. En Aguiada se enlaza con el Camino original (la ruta que viene por San Xil) para los últimos cinco kilómetros hasta el centro de Sarria.

Importante: Sarria está a poco más de 100 kilómetros de Santiago por lo que es la localidad en la distancia mínima para obtener la Compostela. Por ello, es el punto de partida más habitual de todos los que existen en el Camino, con más de un 25% de los peregrinos saliendo desde allí. A este hecho hay que sumar que venimos con retraso respecto al resto de peregrinos, al haber empleado más tiempo por la visita a Samos. Por ello, piensa si te interesa reservar un albergue privado para garantizarte la cama, ya que si es temporada alta cuentas con las papeletas de llegar al albergue público sin plazas.

Etapa 4: Sarria – Gonzar (30,4 km)

MIÉRCOLES. La mayoría de guías del Camino de Santiago establecen esta etapa como Sarria-Portomarín (22 kilómetros). Aquí es donde estiraremos un poco la jornada para llegar a Santiago un día antes.

La salida de Sarria es más propia de un pelotón ciclista. Al ser el punto de partida más popular de todo el Camino, los primeros kilómetros son casi de romería. Es inevitable. Según se avanza, los grupos se van separando y volvemos a la normalidad. Eso sí, la soledad de los primeros días del Camino ya no volverá. Aparecen varias aldeas, como la de Barbadelo, con su iglesia de Santiago, Rente o A Serra.

Un poco más adelante pasaremos por el mojón de los 100 kilómetros hasta Santiago, motivo para hacer una foto de recuerdo. Más adelante, en la parroquia de Ferreiros, veremos varios albergues e iglesias, como la de Santa María de Ferreiros. En Mercadoiro encontramos la tienda Peter Pank, abierta por un sudafricano, y muy reconocible por sus conchas de vieira expuestas en el exterior. Desde aquí iremos descendiendo por la proximidad del río Miño, que atravesaremos por el puente que nos conduce a Portomarín. Si el nivel del río está muy bajo, se pueden ver las ruinas del viejo Portomarín y su puente romano, trasladado a su ubicación actual para la construcción del embalse de Belesar, el más grande del Miño.

Paisaje rural del interior de Galicia
Paisaje rural del interior de Galicia.

La entrada en Portomarín nos regala una última y empinada subida. Esta villa es conocida por su curiosa iglesia románica de San Juan. El templo, pese a ser declarado Bien de Interés Cultural en la Segunda República, fue trasladado piedra a piedra al nuevo pueblo debido a la construcción del embalse durante el Franquismo.

A ritmo normal habremos llegado a Portomarín en torno a mediodía, lo que anima a estirar la etapa como propongo. El siguiente albergue público está en Gonzar, ocho kilómetros más adelante, por lo que nos lo ponemos como final de etapa. El camino desde Portomarín se hace pesado, dos casi dos horas de subida suave pero constante, en paralelo a la carretera. El sol aprieta y apenas hay sombra.

En la aldea de Gonzar está el albergue de la Xunta, otro albergue de propiedad privada y un bar, nada más. El albergue es pequeño (28 camas) pero completo, con lavadoras, una pequeña cocina y una habitación común para todos los peregrinos.

Etapa 5: Gonzar – Melide (30 km)

JUEVES. Los ocho kilómetros arañados el día anterior permiten dar otro estirón hoy. De haber seguido la ruta habitual en las guías, tocaría dormir en Palas de Rei, a 17 kilómetros de Gonzar. Sin embargo, seguiremos hasta Melide, acumulando ya una ganancia de 13 kilómetros sobre el plan normal. En las piernas, segunda etapa consecutiva de 30 kilómetros.

Perfil de la quinta etapa
Perfil de la quinta etapa.

La salida de Gonzar arranca con una subida hacia el Alto del Hospital y Ventas de Narón. La ruta continúa por parajes muy poco poblados de la Galicia interior. Será así hasta llegar a Palas de Rei (km. 17), un pueblo de 3.000 habitantes donde podremos visitar su iglesia de San Tirso. Palas puede ser un buen lugar donde hacer una pausa, ya que restan unos 14 kilómetros hasta Melide.

Amanecer en el Camino
Amanecer tras salir del albergue de Gonzar.

Las etapas son ya bastante llanas, lo que permite meternos estas kilometradas. Esta parte del Camino atraviesa Galicia entre pequeños macizos. Empiezan a verse más aldeas y pequeños núcleos de población que días atrás, síntoma de la cercanía a las ciudades y las principales vías de comunicación. Hago una pausa en el bar Campanilla, que tiene la suerte de tener una amplia finca para disfrutar de esa cerveza. Estamos ya en el final de la provincia de Lugo antes de entrar en la de A Coruña. A un kilómetro escaso, Leboreiro nos regala la bella iglesia de Santa María, también románica.

Tras atravesar el puente medieval sobre el río Seco, la ruta coge la trazada de la N-547, directa hacia Melide. Varios polígonos industriales nos anticipan este pueblo de más de 7.000 habitantes, un importante centro de actividad agroganadera.

Melide es famoso por su pulpería Ezequiel, una de las más populares del Camino de Santiago. Si bien ha perdido su autenticidad, fruto del éxito de la ruta de peregrinos, sigue mereciendo la pena tomar un buen pulpo á feira.

El albergue de peregrinos de la Xunta se encuentra al final del pueblo, por donde continúa el Camino. Es moderno y bastante grande (156 camas), con una zona de camas dividida con paneles para dar cierta intimidad al espacio.

Etapa 6: Melide – Salceda (25,1 km)

VIERNES. Los días y los kilómetros empiezan a pesar, pero el día empieza con la mente puesta en Santiago por primera vez: mañana termina la aventura. Otro día sin bajar de los 25 kilómetros de etapa. Continúa el mismo tipo de paisaje, donde los eucaliptos empiezan a ganar terreno, como sucede en la Galicia más atlántica.

Perfil de la sexta etapa
Perfil de la sexta etapa

Nada más salir de Melide nos encontramos con la iglesia de Santa María, del siglo XII, declarada Monumento Nacional y que merece la pena visitar. Ponemos la mira en el siguiente pueblo, Arzúa, a unos 14 kilómetros, lugar habitual de pernocta y capital de su famoso queso de denominación Arzúa-Ulloa. Poco antes de Arzúa atravesamos Ribadiso, con su hermoso Hospital de San Antón da Ponte, del siglo XV, hoy convertido en albergue. Es un bello conjunto formado por el antiguo hospital, el puente de piedra y el río Iso.

En Arzúa confluyen el Camino del Norte con el Camino Francés, ya juntos hacia Santiago. Llegarás con el horario ideal para tomar un trozo de queso de Arzúa con pan y algo de beber.

Puente medieval de Ribadiso
Puente de Ribadiso.

Desde Arzúa hasta Salceda tenemos unos 11 kilómetros. Entramos en el ayuntamiento de O Pino, último concello antes de Santiago. Salceda es un pequeño núcleo al pie de la carretera nacional. Poco antes veremos el monumento a Guillermo Watt, peregrino holandés que murió aquí en 1993, a 28 kilómetros de llegar a Santiago. Impacta pensarlo cuando llevas encima 150 kilómetros de ruta.

Mi elección para dormir en Salceda fue El Albergue de Boni, regentado por un simpático andaluz que abandonó su tierra para vivir del Camino de Santiago. Compró una casa de aldea, como decimos los gallegos, y tras una reforma se ha transformado en un excelente albergue con duchas de hidromasaje, un cómodo salón y servicio (externo) de masajes.

Junto al Albergue de Boni, la otra referencia en Salceda es la Casa Verde, su vecina. Podrás disfrutar de unos magníficos bocadillos, buenas bebidas y un gran ambiente de camaradería entre los peregrinos (además de una curiosa decoración del local, heredada de los que por allí han ido pasando…). En Salceda hay más albergues y pensiones, además del sensacional Mesón A Esquipa, donde poder tomar una buena parrillada al aire libre.

Etapa 7: Salceda – Santiago (28 km)

SÁBADO. ¡Llegó la última etapa, la que nos conducirá a Santiago de Compostela! De nuevo casi 30 kilómetros encima para culminar esta fantástica aventura. Abandonamos Salceda siguiendo el trazado de la N-547. Al poco de salir nos encontramos con la sencilla ermita de Santa Irene (siglo XVII), de cuya fuente se decía que brotaba agua con propiedades milagrosas. Nos aproximamos a O Pedrouzo, centro urbano del concello de O Pino y, para muchos, última pernocta previa a Santiago. Nosotros, como llevamos adelanto, seguimos la marcha.

Perfil de la séptima etapa
Perfil de la séptima etapa.

Tras Pedrouzo, el Camino se topa con una dificultad propia de la modernidad: el aeropuerto de Santiago. El recinto aeroportuario obliga a la ruta a dar un rodeo rectangular, lo que ofrece una de esas imágenes más curiosas de todo el Camino. Al pasar por la cabecera de pista, podemos ver a los aviones sobrevolar nuestras cabezas desde las mismas luces de aproximación. Algún avezado aficionado consulta la programación de vuelos para ver si coincide con alguna operación.

El aeropuerto nos conduce a la parroquia de Lavacolla, que da nombre al aeródromo. Nuevo sello para la credencial en la iglesia de San Paio. Se cree que en el río Lavacolla los peregrinos lavaban sus prendas antes de su entrada en Santiago.

altar Camino de Santiago
Altar homenaje a una peregrina irlandesa que murió en Santiago tras completar el Camino.

La cercanía de la capital gallega se hace notar. Y eso que cunde una sensación de no llegar nunca. La etapa se hace pesada, entre las ansias por terminar y un cierto perfil rompepiernas, con la clásica orografía gallega. Aparecen los estudios centrales de la CRTVG, así como su vecino Centro Territorial de TVE en Galicia. Estamos en San Marcos, verdadero último paso antes de Santiago y donde se encuentra el Monte do Gozo.

Hacemos honor al nombre de Monte do Gozo al divisar, por primera vez, las torres de la catedral. Tan ansiado momento en esta experiencia que está llegando a su fin. La famosa estatua de los dos peregrinos divisando la ciudad da fe de ello. En el Monte do Gozo se encuentra el albergue más grande del Camino de Santiago, un complejo público de 400 camas que puede incluso duplicar su capacidad en año santo. Cogemos el sello en la ermita de San Marcos. Solo quedan cinco kilómetros para llegar.

Entrada en Santiago

Tras atravesar varias carreteras, Santiago nos da la bienvenida en el barrio de San Lázaro, conocido también por el estadio de fútbol de la ciudad. Nos saluda la señal que dice, al fin, que entramos en Compostela. Foto aquí. La urbe va acogiendo al peregrino mientras los grados de emoción aumentan a cada paso.

Cartel de entrada en Santiago de Compostela.
Cartel de entrada en Santiago de Compostela.

La ruta hacia el centro de la ciudad nos conduce por el barrio de San Pedro, antesala del casco histórico de Santiago. Lo hacemos a través de la calle de San Pedro. En la plaza Porta do Camiño afrontaremos la entrada en la ciudad vieja, subiendo la calle de Casas Reais para luego atravesar la plaza de Cervantes y la calle de la Azabachería, donde se encuentra la fachada norte de la Catedral. El arco de Gelmírez traerá los últimos escalones de nuestra maravillosa ruta hasta aquí para entrar, al fin, en la siempre espectacular plaza del Obradoiro, ¡el fin del Camino!

Es el momento para ir al centro de la plaza, tirar el bastón al suelo y ganar esa sensación única de haber llegado a tu destino. Ante ti, la fabulosa fachada de la Catedral de Santiago, obra maestra de la Humanidad.

¿Qué hacer al llegar a Santiago después del Camino?

Como mi plan de hacer el Camino de Santiago en una semana nos deja libres la tarde del sábado, todavía queda hacer alguna que otra cosa. Lo más importante es ir a la Oficina del Peregrino (Carretas, 33, muy cerca del Obradoiro) con la credencial para recoger la Compostela, el documento que acredita la peregrinación a Santiago. Id prioritariamente a hacer esto, ya que según la época puede haber colas y una buena espera. Por suerte, decir que has hecho el Camino por motivaciones religiosas o no, ya no discrimina el tipo de Compostela que recibirás, como sucedía antes.

Puedes ir a visitar y dar el abrazo al Apóstol si quieres seguir esa tradición. Es posible que el sábado haya menos colas que el domingo, día en el que se celebra la Misa del Peregrino.

Con la Compostela conseguida, ya toca soltar los bártulos en el alojamiento que hayas elegido, ducharse y disfrutar del sábado noche en Santiago, ¡ciudad con una poderosa vida nocturna!

Domingo en Santiago de Compostela

Frescos y casi recuperados, solo queda una última tarea. Seas o no creyente, asistir a la Misa del Peregrino merece la pena. Es todo un homenaje al Camino y a las miles de personas venidas de todo el mundo que llegan hasta Santiago. La Catedral se llena de peregrinos de todos los idiomas y colores. Es un momento realmente emocionante para terminar esta experiencia.

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