Pristina, visita a la capital de un país no reconocido

Recorremos Kosovo, lugar del último conflicto bélico en suelo europeo

Estatua de Bill Clinton en Pristina
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Era mi segunda visita a Pristina, la capital de Kosovo. Año 2018. Confieso que ni en la primera ni en esta segunda la motivación era meramente turística.

La primera vez que visité Pristina fue en 2010, dos años después de la declaración unilateral de independencia de Kosovo, el lugar que quedará como último reducto bélico en Europa occidental. Hacía solo 11 años de la guerra. El mapa de rutas de Easyjet fue el culpable de semejante ocurrencia. Buscando opciones de volar barato a los Balcanes, por aquel entonces apenas aparecían aeropuertos por la zona en estos útiles mapas de las aerolíneas de bajo coste. ¿Pero qué hacía ahí un vuelo low cost de Basilea a Pristina, capital de un territorio que acababa de autoproclamarse independiente? Lo propuse a mis amigos y allá fuimos.

Entonces hubo que documentarse un poco. Kosovo seguía saliendo en las noticias. Las recomendaciones de viaje del Ministerio de Asuntos Exteriores desaconsejaban la visita, en especial la zona sensible de Mitrovica, el área que limita con Serbia (al norte), donde la frontera seguía vetada para continuar nuestro viaje por los Balcanes. En internet apenas había información, los blogs de viajes apenas existían y en los foros y guías no había mucho que rascar. Alguna curiosidad nos llamó la atención: más del 50% de la población kosovar tenía menos de 25 años.

Estatua de Bill Clinton en Pristina
Estatua de Bill Clinton en Pristina

En 2010 dos días y una noche fueron suficientes para conocer la realidad por aquel entonces. Pero la planificación para el viaje de 2018 por Albania y Macedonia me pedía alargarlo un par de días más y volver a Pristina. ¿Qué habrá cambiado? ¿Habrá visitantes? ¿Planificamos algo? Esta vez ni lo miro, vayamos a ciegas. Con solo buscar Pristina en Booking.com ya percibo cambios.

Kosovo sigue siendo un territorio en el limbo de la geopolítica. Aunque ha habido avances en los últimos años y la situación empieza a normalizarse, conviene recordar que su independencia fue reconocida por solo 114 de los 193 países miembros de Naciones Unidas. Su moneda de curso legal es el euro (algo que sucede también en otros territorios no miembros de la UE) y desde 2018 tiene prefijo telefónico propio (antes empleaban los de Serbia, Mónaco y Eslovenia).

Leo un reportaje recién publicado en el canal de viajes de la BBC que Pristina podría ser la capital más fea de Europa. Quizás lo sea, pero aquí no caben los calificativos de ese turismo de lo bonito.

Intentaré ser lo más certero posible con la historia en las próximas líneas.

Pristina, ¿algo que ver?

Vale, turísticamente hablando, Pristina tiene pocos lugares de interés. Ni plazas bonitas, ni hermosas catedrales, ni cascos antiguos con cafés tomados por modernos con Mac, ni murallas, ni puentes monumentales, ni museos. Así que, mejor todavía, nos fijaremos en lo que realmente importa, tal y como hicimos en 2010.

La luz artificial sigue siendo, al igual que en 2010, escasa. De hecho amanecimos sin electricidad en el hotel. Los grupos electrógenos siguen ocupando muchos trozos de acera, imagino que en función de las necesidades o de la capacidad económica de quien los necesita. Un apagón y toda la calle a oscuras. Entiendo que para nuestro hotel no es algo indispensable, así que tocó apañárselas sin luz y sin desayuno caliente.

New Born

Salimos del hotel a pie hacia lo que se conoce como el centro de Pristina. En el mapa es difícil percibirlo. No hay una gran plaza central o una avenida para los desfiles, esa concepción que tenemos tan naturalizada del centro de las ciudades.

El centro es hoy donde se estableció el monumento New Born, símbolo del nacimiento de un nuevo país, germen del orgullo del pueblo kosovar. De hecho, las letras se alteraron un poco para formar un 10 al cumplirse en 2018 una década de la independencia.

Pristina New Born

Poco ha cambiado por aquí. La estética de algunas calles ha mejorado, pero el viejo pabellón de deportes de tintes soviéticos sigue a las espaldas del New Born. A su vera, el estadio donde juega la selección nacional.

Frente al New Born llama la atención otro monumento con cabeza de mujer. El Heroinat Memorial homenajea a las 20.000 mujeres que fueron violadas durante la Guerra de Kosovo. Cada pin que forma la silueta representa a cada una de esas silenciosas víctimas del conflicto. La violación se convirtió en arma de guerra a gran escala en Kosovo y este monumento nos recuerda una tragedia que continúa en el recuerdo de los kosovares. Pocos memoriales bélicos los protagoniza una mujer.

El Grand Hotel Prishtina

Del New Born nos dirigimos hacia el bulevar Madre Teresa. Una plaza nos recibe con un concurso de niños cantores, a los pies del gigante Grand Hotel Prishtina, que ya en 2010 me atrajo por su aire de mamotreto comunista y decadente. No evito la tentación de acercarme a la recepción del hotel. Desde fuera, no parece abierto, pero a medida que nos acercamos descubrimos que sí hay gente en su interior, pese a la tenue luz del vestíbulo.

Hoy no pasa por su mejor época a tenor de las críticas, al parecer solo están abiertas dos de sus trece plantas. Un gigante de casi 400 habitaciones en el que, de alojarte, podrías ser el único cliente.

El Grand Hotel Prishtina es un símbolo de la ciudad. Abierto en 1978 y único cinco estrellas de la región, fue propiedad del gobierno yugoslavo hasta 1999. Contaba con restaurantes, discotecas, bolera y una plantilla de 300 empleados. Uno de los mejores hoteles de la extinta Yugoslavia en cuya suite se alojó el mariscal Tito.

Pero la caída de Yugoslavia tuvo al Grand Hotel como una de sus víctimas. El ocaso llegó hasta sus pasillos, donde el abandono, los restos de sangre y ropa apuntan a que el crimen se instaló durante años en el edificio.

Grand Hotel Prishtina
El histórico Grand Hotel de Pristina, auge y ocaso de Kosovo.

Al término de la guerra, los ex trabajadores regresaron para intentar reconstruir un hotel para el que la agencia de privatizaciones de Kosovo sigue buscando comprador, un inversor que meta mucho dinero en él y recupere su esplendor. ¿Volverá el Grand Hotel a ser grand?

No muy lejos de allí, visitamos otro edificio que recuerda tiempos pretéritos: la Biblioteca Nacional de Kosovo, en el campus universitario. Esta curiosa construcción de estilo brutalista es otro de los símbolos de la ciudad. Fue inaugurada en 1982 y cuenta con 99 cúpulas blancas que identifican su controvertida figura. Enfrente, los restos de la inacabada iglesia de Cristo Salvador, cuya construcción se detuvo por el inicio de la guerra en 1999. Un hito cristiano ortodoxo en un país de mayoría musulmana sobre el que se pide su demolición, al recordar los tiempos del régimen de Slobodan Milosevic.

Homenaje a Estados Unidos

Un paseo por el bulevar Madre Teresa nos indica que aquí algo sí ha cambiado. Restaurantes un tanto boutique, animación, gente disfrutado. Pristina alegra su cara. Al final de la avenida, una moderna plaza impresiona junto al parlamento kosovar. Peatonal, con fuente de colores, una estatua de Skanderbeg, el lujoso hotel Swiss Diamond, un moderno centro comercial y el teatro nacional.

Al otro extremo de Madre Teresa encontramos la avenida de George Bush, ni más ni menos. Mientras en otros lugares es un personaje repudiado, aquí tiene su calle.

En ella se sitúa la moderna catedral de la Santa Madre Teresa, católica, terminada en 2017 y financiada en parte por los albanokosovares residentes en Estados Unidos. Un hito religioso en un país 90% musulmán con el que los kosovares buscan dejar atrás los conflictos étnicos que tanto daño hicieron en la población.

El principal cruce del bulevar George Bush es precisamente con el bulevar Bill Clinton, su antecesor en la Casa Blanca y presidente de EEUU durante la Guerra de Kosovo.

Bill Clinton es de tal importancia para la población kosovar que su estatua es uno de los monumentos más visitados, situada un poco más adelante en el mismo bulevar. La figura de Clinton es muy respetada por los kosovares. ¿Por qué?

El bombardeo de la OTAN en 1999 para terminar con la guerra y la represión de Milosevic sobre los kosovares es el origen de tal sentimiento de admiración hacia Clinton, aunque detrás siempre quedan incógnitas sobre otros posibles intereses. Kosovo es un pequeño territorio, sin petróleo, minas o ni siquiera salida al mar, que podrían promover oscuras conexiones y donde no nos vamos a meter.

Aún así, la huella norteamericana es patente a pie de calle, y no solo por la tienda de ropa Hillary cercana al monumento de su marido que visitó la ex secretaria de Estado. Hamburgueserías, restaurantes, marcas americanas, incluso el contingente militar que todavía queda en la región.

El tour gratis de Pristina

Tras descubrir los cambios por nuestra cuenta, tocaba seguir descubriendo cosas acompañados. En Pristina, donde el turismo es prácticamente inexistente, hay un free tour. Astrit, kosovar, musulmán, un hombre de mundo, nos conduciría durante casi tres horas por las particularidades de este joven país. Éramos apenas 10 personas. Quizás, los pocos turistas que había en la ciudad estábamos allí reunidos.

Además de enseñarnos los lugares que ya conocíamos, Astrit nos condujo por el bazar y su entorno. Descubrimos la Mezquita Imperial (Xhamia e Mbretit), o del sultán Mehmet Fatih, levantada en 1461. Una barbaridad de templo con más de 500 años de historia.

También conocimos algunos monumentos del anterior régimen. Otra vida, otro país, otro modelo, otros tiempos. El monumento de la Fraternidad y la Unidad, inaugurado en 1961 en plena Yugoslavia de Tito, se compone por un obelisco de tres pilares donde cada uno de ellos representa a cada miembro de dicha fraternidad: albaneses, serbios y montenegrinos. Es un homenaje a los partisanos caídos en los movimientos de liberación nacional durante la Segunda Guerra Mundial. A sus pies, ocho partisanos de bronce, ahora descuidados y pintados con las banderas de los países que forman parte de la KFOR (las fuerzas internacionales de la OTAN para Kosovo).

Monumento de la Fraternidad de Pristina
Monumento de la Fraternidad y la Unidad, de la época yugoslava.
Pristina monumento a la KFOR
Monolito homenaje a la KFOR, las fuerzas internacionales de la OTAN.

Se trata de un obelisco envuelto en debates sobre su demolición o no, al tratarse de un monumento político de un pasado en el que muchos kosovares no se reconocen, y es que la fraternidad y la unidad eran principios básicos del régimen yugoslavo.

Pero prácticamente todos los que asistíamos al tour estábamos esperando el momento para preguntar a Astrit por otras cosas. ¿En qué situación estáis? ¿Podéis viajar a Serbia? ¿Qué pasaporte tienes? ¿Qué opinas de España y su posición respecto a Kosovo? El guía nos explicó cómo son esta clase de situaciones, pero nos lo tomamos siempre con distancia ya que hay que conocer el punto de vista serbio. Porque, como en todo conflicto, hubo atrocidades en ambos bandos.

Terminamos el tour con una comida típica en el agradable restaurante Botin, donde tomamos una tradicional cacerola de carne y verduras, un plato típico kosovar por apenas cinco euros.

Monasterio de Gračanica

El tour nos dejó otra anécdota para el recuerdo. En el pequeño grupo que formábamos venía también un chico serbio, Alen, que estaba de visita junto a su pareja española. ¿Un serbio visitando Kosovo? Este hecho no lo podíamos dejar pasar y, al margen de lógicos debates con el guía, su sola presencia nos impactó.

Después de la comida del free tour, Alen nos propuso acompañarle al monasterio de Gračanica (en las afueras de Pristina), que se trata de un monasterio ortodoxo serbio clasificado como Patrimonio de la Humanidad, como parte del conjunto de monumentos medievales serbios en Kosovo. Una visita sobre la que estar muy agradecidos por descubrirnos esta joya serbia y conocer su reposada visión de las cosas.

pristina monasterio de gracanica
Monasterio de Gracanica, en Pristina.

Gračanica es un lugar de especial simbolismo para los serbios, en concreto para la comunidad serbia de Kosovo que tiene aquí su centro político y espiritual. Cruzar los muros del monasterio es como penetrar en un trozo de Serbia, donde el idioma, el alfabeto o la religión cambian. De hecho, Serbia guarda algún tipo de jurisdicción en estos lugares.

Este monasterio custodia 10 manuscritos de los siglos XIV a XVI y una colección de libros del XVI, entre otros tesoros.

Durante la guerra de Kosovo hubo también otras víctimas silenciosas. Numerosas iglesias serbias fueron saqueadas y quemadas en territorio kosovar por parte del UÇK, el Ejército de Liberación de Kosovo, oficialmente considerado grupo terrorista. Los ataques continuaron incluso años después de terminar el conflicto y por ello cuentan con una especial vigilancia.

De hecho, hasta hacía bien poco, entrar en los cuatro monasterios Patrimonio de la Humanidad solo se permitía con una autorización especial y con la especial vigilancia de la KFOR.

Anecdotario kosovar: de 2010 a 2018

Siete años son pocos para percibir cambios en los países occidentales. Salvo que nos refiramos a obras en calles y cuestiones locales, es difícil sentir cómo una sociedad cambia.

En 2010, el aeropuerto de Pristina se parecía más a un hangar que a una terminar aeroportuaria. Zona de llegadas: dos filas en una fría nave, varios militares, control de pasaportes, entrega de equipajes y fuera. A la salida, hordas de taxistas esperándonos. No hay plan B. La tasa, 25 euros. Un dineral para ellos, una obligación para nosotros.

Ya era de noche cuando aterrizamos en aquel viaje de 2010. Del aeropuerto a la ciudad, el camino se nos hacía raro. Apenas había luz. En el trayecto, el taxista paró a echar gasolina. Van al límite. Si hay cliente, cargan lo justo. Esto no fue fruto de la casualidad porque al día siguiente nos pasó lo mismo en otro taxista.

Por supuesto, como comprobamos en Albania, muchos vehículos son viejos Mercedes alemanes. De hecho en alguna ocasión el taxista tuvo que abrir el capó y dar un par de golpes al motor para continuar el viaje.

Vuelta a 2018, el aeropuerto de Pristina es una moderna instalación y en su entorno empiezan a aparecer autopistas a las puertas de la ciudad. Kosovo está en marcha.

En aquella visita de 2010 nos llamó la atención otra curiosidad: la avenida Bill Clinton estaba plagada de grandes carteles de bienvenida a su esposa, Hillary, cuya visita como secretaria de Estado iba a suceder pocos días después. Todo un acontecimiento.

visita de Hillary Clinton a Pristina
En 2010 todo estaba preparado para la visita de Hillary Clinton.

Visitar Kosovo merece la pena

Por todo lo anterior, visitar Kosovo merece la pena. Están muy cerca, en pleno corazón de Europa, e incluso llegan a comprender la negativa de España a reconocerles como estado independiente.

En 2010 el kioskero de la estación de autobuses me regaló un periódico como único recuerdo que me podía llevar del país por aquel entonces. A cambio, literalmente me dijo «please say to Mr. Zapatero to help us». La declaración de independencia seguía muy fresca y España era uno de los países del no. En 2018 las cosas siguen prácticamente igual, aunque la postura española es respetar lo que salga de una teórica negociación entre Serbia y Kosovo.

Aquel periódico incomprensible para mí lo guardo como oro en paño.

Por estas cosas, pasar por Kosovo merece la pena. Tan cerca y tan lejos de nosotros. Dos breves estancias aquí y tantas pequeñas historias. Una situación temporal, un limbo geopolítico de tal calibre del que nadie se acordará dentro de unos años.

Kosovo y España

Y claro, desde el punto de vista de España, ¿cómo es la relación con un país que no reconocemos oficialmente?

  • España no reconoce a Kosovo como territorio independiente por lo que la única realidad legal es Serbia.
  • La sección de viajes de la web del Ministerio de Asuntos Exteriores solo menciona a Serbia. En los mapas, Kosovo es parte de Serbia.
  • Paso de frontera: DNI o pasaporte sin más problema. Si te quieres llevar un recuerdo, el pasaporte te lo sellan al entrar y al salir.
  • Los kosovares cuentan con pasaporte propio pero no pueden entrar directamente en España al no ser reconocidos, aunque sí a través de Francia. Muchos tienen pasaporte de algún país vecino, dado que es fácil ser hijo o hija de un macedonio o un albanés, por lo que usan ese otro documento para entrar.

¿Cómo llegar a Kosovo?

Por el momento no hay vuelos directos entre España y Kosovo. En nuestro caso, entramos en bus desde Skopje (Macedonia) y salimos con un vuelo de Wizz Air a Budapest, por apenas 10 euros el billete. Lo mejor, como siempre, es consultar los prácticos mapas de rutas de las aerolíneas de bajo coste y la web oficial del aeropuerto de Pristina, donde aparecen todas las conexiones posibles.

Comer y dormir en Pristina

  • Hotel Town (av. Robert Doll): moderno, a medio camino entre la estatua de Clinton y el New Born. Un tanto extraño por tener un segundo edificio apartado del principal. Incluye un desayuno decente. Tarifa: 31 euros por noche aproximadamente.
  • Restaurante Botin (Johan V. Hahn, 2): agradable restaurante con terraza en el centro de Pristina. Especialidades kosovares, italianas y arroces (menú). Cacerola de carne con verduras: 5 euros.
  • Restaurante Mery’s Food and Coffee (Bv. Madre Teresa): sencillo café donde comer platos variados. Schnitzel por 4,20 euros.

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