Sensaciones en un viaje al Desembarco de Normandía

Se cumplen 75 años del Día-D

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Cruzar la verja y encontrarte con miles de cruces y estrellas blancas del cementerio americano de Omaha Beach. Bajar a esa gigantesca playa e imaginarte la crudeza del 6 de junio de 1944, que películas y videojuegos han intentado reproducir decenas de veces. Normandía, Francia, uno de los mejores viajes que se te pueden pasar por la cabeza.

Escribo estas líneas durante la semana en la que se cumplen 75 años del Desembarco de Normandía, el Día-D, la operación Overlord, la maniobra clave que dio la vuelta a la Segunda Guerra Mundial y sin la que hoy Europa sería muy diferente. Tres cuartos de siglo de una jugada maestra que salvó a todos los europeos.

Una cuenta pendiente de este blog es escribir varios artículos que expliquen ese fascinante viaje por Normandía, un recorrido que pude hacer en dos ocasiones durante mi año Erasmus en la ciudad de Lille, allá por 2005-2006. Un viaje perfecto que conjuga historia, naturaleza y pueblos monumentales bajo la foto fija del Desembarco del que todos, más o menos, tenemos una idea.

Pero me resisto a no tener nada ante este aniversario. Fotos a buen recaudo, memoria fresca y algún que otro libro en francés comprado in situ merecen tener salida en este blog.

Las playas del Desembarco de Normandía

Normandía es mágica. Puede ser uno de los lugares más maravillosos de Francia. Las trazas de la historia modelan el territorio mientras que el mar sigue desgastando la caliza de los acantilados blancos. Un territorio costero agreste por tramos, que se abre a la placidez de la arena de unas gigantescas playas en cuya memoria yacen miles de víctimas que se lanzaron en una operación suicida.

Se saben de carrerilla: Utah, Omaha, Juno, Gold y Sword. Cinco nombres en clave para cinco grandes arenales de la costa noroeste francesa. Una línea de costa de unos 100 kilómetros desapercibida, que mira hacia Inglaterra encajonada entre los grandes puertos de Cherburgo y Le Havre. Un territorio en el que desembarcaron más de 140.000 hombres de los ejércitos americano, británico y canadiense.

Mapa de la Operación Overlord, de desembarco en Normandía.
Mapa de la Operación Overlord, de desembarco en Normandía.

mapa desembarco de Normandía

Decenas de kilómetros de costa que solo podemos entender gracias al espectacular vídeo de Arromanches 360º, el cine circular sobre el Desembarco que nos transporta en el tiempo hacia esa madrugada del 6 de junio. Una pantalla circular, dividida por la mitad. A un lado, la inmensidad de la costa para los que van a desembarcar en un heroico suicidio. Al otro lado, la soledad del vigilante nazi que pasa en vela la noche y en un leve parpadeo el oscuro mar se plaga de embarcaciones que se aproximan con determinación.

La Pointe du Hoc: el único lugar intacto del Día-D

Cinco playas solo interrumpidas por la brusquedad de la Pointe du Hoc, un impresionante acantilado situado entre Utah y Omaha que vivió una de las acciones más heroicas de toda la operación. Por el punto más difícil de todo la costa, donde supuestamente se encontraba una batería de cañones, un grupo de Rangers norteamericanos escaló con cuerdas hasta la cima y bajo el fuego alemán, para abrir una vía de ataque alternativa a las playas. Allí no quedaba cañón alguno, solamente los gigantescos cráteres creados por el ataque previo de los acorazados aliados desde el mar.

Pointe du Hoc Normandía
Vista del acantilado de la Pointe du Hoc.
Pointe du Hoc Normandía
Uno de los cráteres originales provocados por el ataque naval en la Pointe du Hoc.

La Pointe du Hoc está intacta. Nada se ha reestablecido ni tapado, de los pocos lugares que llegaron a nuestros días tal y como quedaron. Los cráteres siguen allí (ver Google Maps) junto a los restos de la batería militar. Solo verlo en persona nos sirve para comprender el tamaño de semejante hazaña que unos soldados y sus cuerdas lograron en un rincón del temido Muro del Atlántico, que todavía llega hasta nuestros días en las intactas baterías de Longues sur Mer.

Visitar el cementerio americano de Omaha

La inmensidad de las playas, la soledad del temido mar, el miedo de un territorio defendido por el régimen dictatorial más feroz de la modernidad.

Saint Mere Eglise
Ste. Mère Église, el primer pueblo liberado de Europa.

Seguir los trazos del Desembarco de Normandía es un viaje de sensaciones. Penetrar por las calles de un pequeño pueblo y verse inmerso en el escenario bélico que el cine nos ha traído hasta nuestros días. Observar el puerto artificial de Arromanches, la brillante idea de Churchill para proporcionar un puerto donde desembarcar vehículos y logística.

O recorrer Sainte-Mère-Église, el primer pueblo liberado de Europa, y visualizar a aquellos paracaidistas de la 101 y la 82 Aerotransportadas, que saltaron en la madrugada del Desembarco como primeros hombres en tocar suelo europeo, y que tan bien retrata la magnífica película de El Día Más Largo.

Cada hito ofrece sensaciones inigualables, pero ninguna es como la soledad y el silencio que te atrapa al entrar en el cementerio americano de Normandía, en la parte superior de la playa de Omaha, en Colleville-sur-Mer. A la entrada, el impoluto césped preludia el lugar de enorme respeto en el que se entra.

9.387 soldados. Casi 10.000 tumbas blancas perfectamente alineadas nos dan una idea de la magnitud de lo que aquí sucedió en 1944. Ante ellos, el silencio de los miles de visitantes que vagan ante el impacto de una de las peores obras del ser humano.

Algunos se fijan en los nombres; otros intentan pasar rápido; unos pocos investigan, quizás saben de alguien que esté aquí enterrado.

Pocos lugares transmiten tanto en tan poco tiempo. Quizás solo Auschwitz y demás campos de exterminio superan al cementerio de Omaha. Una profunda reflexión acompaña cada paso que damos, mientras observamos perdidamente las cruces y estrellas de David como si conociésemos a alguno de los caídos.

El Camino de la Libertad

Pero Normandía fue el final de la ignominia y el inicio de la libertad, de la alegría, de una Europa nueva que se iba a empezar a construir. Un camino que comenzaron los soldados precisamente aquí, en Normandía, hacia la liberación de Europa. Esa senda es hoy la Voie de la Liberté, el camino de la libertad, un conjunto de mojones kilométricos que conducen desde Sainte-Mère-Église hasta Bélgica, pasando por París, Reims, Metz o Luxemburgo.

Un mojón por cada uno de los 1.146 kilómetros, un hito imborrable del camino que emprendió el ejército del General Patton hasta liberar a Europa. El mejor recuerdo posible para entender que Normandía solo fue la puerta que nos abrió la libertad.

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