De viaje por Albania: El secreto mejor escondido del Mediterráneo

Viaja a Albania antes de que sea demasiado tarde

Atardecer en la playa de Dhermi, en la Riviera albanesa.
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Es quizás el país europeo del que nadie se acuerda. Por eso tocaba hacer un viaje a Albania, el país de las águilas, malogrado en su historia, machacado por unos y por otros, entre oriente y occidente, entre Roma y Constantinopla, en los límites de muchos imperios, en uno de los territorios más disputados de Europa. Todo se concentra allí, lo que hoy se llama Albania.

Un viaje a Albania: La llamada de lo desconocido

Viajar a Albania nos motivaba muchísimo. Ni país más pobre de Europa, ni mafias, ni corruptelas. Albania tiene muchos alicientes, muchísimos tesoros para descubrir y una historia tan vívida que pocos lugares de Europa pueden decir lo mismo. Comenzamos a investigar el destino y nos enganchamos de las fotografías y crónicas de otros viajeros.

Costas cristalinas con montañas pegadas al mar, playas desiertas, paisajes montañosos, ruinas de griegos y romanos, héroes a caballo invencibles, dictadores extravagantes, ciudades patrimonio, una capital llena de historias… Un territorio lleno de vicisitudes que lucha por dejar a mirar a Europa desde el vagón de cola.

Es el momento de viajar a Albania. Antes de que el último reducto de los Balcanes se entregue al turismo como sus vecinos, este es el momento de viajar a Albania. Luego será demasiado tarde y posiblemente su espectacular costa, su magnífica gastronomía y el calor de su gente pierdan la autenticidad que, por suerte, todavía podemos vivir hoy.

Como Albania no es un país del que se sepa mucho, ni la información en internet es abundante ni hay numerosas guías de viaje, toma buena nota de mis consejos para viajar a Albania, mi particular guía útil con información de cómo llegar, qué documentación hace falta, cómo son los transportes o algunas pistas si te decides a conducir por las carreteras albanesas.

Albania en datos

Si aún no lo localizas bien en el mapa, Albania tiene fronteras terrestres con cuatro países (Grecia, Macedonia, Kosovo y Montenegro), además de líneas marítimas que conectan con Italia y Grecia. Eso sí, solo tiene un aeropuerto, el de Tirana.

En números, podríamos decir que Albania es como Galicia, tanto en población (algo menos de 3 millones de habitantes) como en superficie (casi 29.000 kilómetros cuadrados).

Lo que más nos suena de Albania es su situación económica. Tiene un PIB nominal inferior a 5.000 dólares per cápita (105º del mundo), un salario medio de unos 350 euros mensuales y más del 40% de la población dedicada al sector primario. Albania sigue dependiendo de las remesas que envían los albaneses en el exterior a sus familias.

Su clima es benigno, mediterráneo como el que más. En septiembre tuvimos dos semanas de temperatura constante, 30 grados de máxima por el día y noches suaves y agradables. Ni una nube en los cielos.

Historias de Albania: un país de…

Albania no es un país precisamente antiguo. Obtuvo su independencia en 1912-1913, fruto de las Guerras de los Balcanes, el conflicto que terminó expulsando al Imperio Otomano para siempre de aquella región. El país lograba ser un territorio libre e independiente por primera vez hasta la invasión de la Italia fascista en 1939.

Hasta entonces, lo que hoy es Albania fue un territorio que pasó por las manos de diferentes imperios: romanos, bizantinos, búlgaros, serbios y otomanos. Y en tiempos más modernos, por manos fascistas, nazis y comunistas.

La historia es muy larga de contar, así que nos quedaremos con cinco elementos históricos presentes en todo viaje a Albania y que nos ayudarán a entender la tremenda historia de este país: héroes, guerras, religiones, dictadores y búnkeres.

De héroes

Avenidas, plazas, estatuas, una bandera e incluso una marca de gasolineras. El personaje más importante de la historia de Albania no es otro que su héroe nacional: Skanderberg. Curiosamente anónimo más allá de los Balcanes, este militar del siglo XV debería estar considerado como uno de los grandes héroes de la historia. Skanderberg es el icono y referente histórico de Albania.

Tras la capitulación de su padre en la guerra contra los turcos, Skanderberg fue enviado de niño a la academia militar otomana, donde se convirtió al Islam y se convirtió en un prestigioso general. De hecho, su nombre no es más que un apodo (“Skender Bey”, Príncipe Alejandro, en símil con Alejandro Magno), aunque en realidad su nombre es Gjergi Katrioti, o en español Jorge Castriota.

Skanderberg vengó la derrota de su padre abandonando a los turcos, volviendo a la fe cristiana y creando la Liga de Lezhe, la alianza que unía a la nobleza albanesa para defenderse del Imperio Otomano, una especie de primer movimiento que perseguía la creación de Albania. Lideró la rebelión, logrando grandes victorias y solo después de su muerte los turcos pudieron vencer a la resistencia albanesa.

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La plaza Skanderberg de Tirana.

Skanderberg fue todo un traidor que forjó la identidad nacional de Albania e inspiró a los románticos que siglos después lograron la independencia del país. Su figura y su nombre ocupan las plazas principales de Tirana y de Pristina. El águila bicéfala de la bandera albanesa es el emblema de este mito.

De guerras

¿Qué decir de las guerras por estas tierras? Al no ser parte de la ex Yugoslavia, Albania no formó parte de la Guerra de los Balcanes que en los años 90 cambió el mapa de la región y logró mantenerse al margen del conflicto.

Sin embargo, en 1997 vivió un conflicto interno que casi desemboca en una guerra civil y un Estado en descomposición. El colapso de un sistema de inversiones al que se acogió una gran parte de la población dejó a un tercio de los habitantes en la miseria. El pueblo y los militares se levantaron, robando más de 600.000 armas y dejando al país sumido en el caos y, de nuevo, en una emigración masiva. La intervención de fuerzas internacionales restauró el orden, aunque el deterioro económico ya era imparable: paro del 25%, inflación al 28% y una fuerte devaluación de la moneda.

Pero un territorio tan disputado está lleno de conflictos armados. Desde las hazañas de Skanderberg hasta las guerras balcánicas de 1912.  Albania también tuvo víctimas en la Segunda Guerra Mundial, y pasó de manos italianas en la preguerra, la ocupación nazi después, para terminar con una terrible dictadura comunista.

De dictaduras esquizofrénicas

Nada se podría entender de Albania sin el dictador Enver Hoxha, que gobernó con mano de hierro entre 1946 y 1985. Una larga y dura sombra que abocó al país a una de las mayores miserias de la Europa de la Guerra Fría.

Fundador del Partido Comunista de Albania en plena Segunda Guerra Mundial, Hoxha se hizo con el poder al liderar la liberación del país de manos alemanas. Comenzaba así la República Popular de Albania, un estado socialista similar de clara influencia yugoslava. Economía centralizada, nacionalización de empresas, reforma agraria e industralización.

La Yugoslavia de Tito fue el lógico primer aliado. Tirana pasaba a depender de la ayuda de Belgrado y muchos abogaban por la integración. Pero Yugoslavia se separó ideológicamente de la URSS en 1948, lo que provocó el enfrentamiento con Albania y el giro de Tirana hacia Moscú, el auténtico comunismo.

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La abandonada pirámide de Tirana, homenaje a Enver Hoxha. ¿El monumento más feo que conozco?

Albania y la URSS comenzaron a trabajar juntos hasta la muerte de Stalin en 1953. El aperturismo y la desestalinización iniciados por Kruschev fueron denunciados por Hoxha, que por segunda vez consecutiva veía como una potencia comunista daba visos de apertura ideológica.

Un reducto europeo en la órbita china

Descartados Yugoslavia y la URSS, ya solo quedaba China, el nuevo aliado comunista auténtico. Mao y Hoxha juntos. El gigante asiático aliado colaborando con el minúsculo y olvidado país del Mediterráneo, su único apoyo en Europa. China comenzó a ayudar a Albania, que sufría a su vez el bloqueo de una economía que quedó muy apuntalada hacia la URSS. Pero el aperturismo chino iniciado en los 70 desembocó en la tercera ruptura de Hoxha con sus aliados naturales.

Abandonado por las tres potencias comunistas, Hoxha impulsó la creación en 1976 de la República Socialista Popular de Albania. Ortodoxia marxista y una profunda autosuficiencia del país. El aislamiento internacional de Albania fue extremo. Sin ayudas de aliados, sin inversiones y con un pueblo sometido: quien no cumpla será un “enemigo del pueblo”. Prohibición de todas las religiones y elementos culturales como la barba o la comida halal. Las fronteras, cerradas. Los albaneses no podían ni tener su propio coche y conducir, ni contratar un seguro, ni sabían qué era una tarjeta de crédito.

Historias de revisionismo, purgas, censura y de aislacionismo internacional extremo. El “último defensor del auténtico marxismo-leninismo” murió en 1985 dejando un país en situación crítica y con miles de albaneses emigrando a otros territorios. En 1991, al fin, se celebraron las primeras elecciones democráticas de la era post-Hoxha.

De religiones

Como buen comunista, Hoxha declaró a Albania el primer país ateo del mundo. Se cerraron miles de iglesias y mezquitas. A su muerte, la llegada de la democracia abrió la libertad religiosa. La religión mayoritaria entre los albaneses es el Islam (58% según el censo de 2011), aunque de mayoría sunní y con una mayoría de fieles no practicantes.

Los católicos representan al 10% de la población, mientras que los ortodoxos en torno el 7%. No obstante, estas cifras bailan y algunos estudios apuntan a que casi un 30% de la población no tiene afinidad religiosa y que solo el 40% de los albaneses cree que hay vida después de la muerte.

Sea como fuere, Albania es un ejemplo de convivencia de diferentes realidades religiosas. Se percibe al hablar con la gente joven, abierta y lejana de la ortodoxia religiosa.

Y de miles de búnkeres

Albania está llena de búnkeres. Cientos de miles de búnkeres de hormigón por todas las esquinas del país como si fuesen champiñones. Se contabilizan en torno a 200.000, aunque algunas cifras apuntan hasta los 750.000 búnkeres. ¿Qué locura es esta? La que Enver Hoxha, en su delirio marxista, ordenó construir en el país más pobre y aislado de Europa, durante los años 70 y 80.

Los argumentos de Hoxha se resumen en una frase: “No quiero que entre ni una mosca en Albania”. Salían de la fábrica Combinato Iosif Pashko que funcionaba las 24 horas. Su coste, en dinero actual, equivaldría a 2.220 millones de euros y se dice que podrían resistir una bomba atómica.

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Tres búnkeres en plena playa.

Por supuesto, esa invasión jamás llegó. Los búnkeres siguen en su lugar, su demolición es inviable económicamente. Algunos, los más grandes, tienen usos legítimos como museos y memoriales. Otros, al albedrío de la gente y sus necesidades más variopintas que ya te puedes imaginar. Hoy han llegado a las tiendas de souvenirs en versiones en miniatura. Es imposible no ver alguno.

Con todas estas historias es imposible renunciar a un viaje por uno de los países más desconocidos de Europa.

Recorrido del viaje: de la Riviera albanesa a Tirana

Como la idea global era visitar Albania, Macedonia y Kosovo, encontramos la fórmula para llegar a Albania desde el sur y abandonar el país hacia Macedonia, al este, encajando las piezas que nos llevasen por la famosa Riviera albanesa, la ciudad patrimonio de Berat y la capital, Tirana. Solo nos quedó por ver Gjirokastra, la otra ciudad monumental cuyo encaje era bastante complicado. Así que dimos con un recorrido más o menos lineal sur-norte, perfecto para descubrir la mayor parte del país.

El sur de Albania: Saranda, Butrinto y Ksamil

Entramos en Albania en barco, gracias al ferry que une la isla griega de Corfú y la localidad albanesa de Saranda. Saranda (o Sarandë) es la principal ciudad del sur del Albania y extremo meridional de la Riviera albanesa. El lugar perfecto para arrancar la ruta de la costa hacia el norte. Pero además, en torno a Saranda hay una serie de lugares que no debes saltarte.

Saranda en sí no tiene un gran interés. Ciudad de veraneo, agradable, con un bonito y moderno paseo que no es más que un trampantojo sobre la realidad que se esconde dos calles más atrás. Una ciudad cómoda donde establecerse un par de noches para movernos por el entorno y cenar por la noche. Además elegimos un hotel delante del puerto, por lo que nuestra llegada fue muy rápida.

Al sur de Saranda se sitúan las ruinas de Butrinto, el lugar más visitado del país. Butrinto (o Butrint) es una antigua ciudad con restos griegos, romanos y otomanos. Un ejemplo de lo que significó esta tierra en la historia, frontera entre Oriente y Occidente, mezcla de imperios, etnias y religiones. Butrinto es Patrimonio de la Humanidad y su visita es indispensable en todo viaje a Albania.

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Playas de Ksamil, al sur de Albania.

Muy cerca de Butrinto se encuentra Ksamil, una de las mecas turísticas de la costa albanesa. Un precioso rincón de aguas turquesas con tres islas enfrente y de minúsculas calas, lamentablemente privatizadas para los numerosos restaurantes que pueblan el lugar.

El Blue Eye

Pero los alrededores de Saranda esconden otro rincón mágico de Albania, de esos que salen en postal: el Blue Eye. Se trata de un manantial de aguas cristalinas que brotan desde el subsuelo con una tremenda fuerza y a una temperatura de unos 10 grados centígrados. Mojar los pies es para valientes, pero es asumible. Bañarse es de locos, o casi.

El Blue Eye está a menos de media hora en coche de Saranda y es una visita muy popular entre los propios albaneses, que pasan allí el día en familia.

Ir a post: Sur de Albania

La Riviera albanesa, futuro destino mediterráneo

Desde Saranda y hacia el norte, comenzamos un road trip a lo largo de la costa de Albania, lo que se conoce como la Riviera albanesa. No estamos en la Costa Azul, al menos de momento, pero esta zona tiene visos de convertirse en una meca del verano en el Mediterráneo oriental.

La costa es una sucesión de playas, calas, acantilados, cabos, rincones y pueblos donde parar a hacer una foto.

De la belleza de Porto Palermo, con su castillo unido a la tierra a través de un istmo artificial ahora convertido en playa, a la tranquilidad de Himara, un pequeño pueblo marinero con un bonito paseo lleno de pequeños restaurantes donde poder comer al pie de su playa urbana. O Dhermi, un lugar perfecto para el veraneo, con multitud de hoteles y restaurantes entre el mar y la montaña.

Pero la Riviera albanesa guarda una sorpresa casi al final. Sin separarse de la costa, la carretera SH-8 deja el nivel del mar para ascender serpenteando hasta los 1.000 metros de altitud. De una mirada, la sensación de altitud sobre el mar es brutal. Es el Llogara Pass, un puerto de montaña en plena costa que forma parte del Parque Nacional de Llogara.

De allí, descenso fuerte hasta volver al mar y recorrer los últimos kilómetros hasta llegar a la ciudad de Vlora. Cerca de Vlora, nos desviaremos en la ruta hacia las ruinas de la ciudad de Apollonia, otro de los grandes vestigios históricos de Albania.

Ver post: La Riviera Albanesa

La belleza de Berat

Apollonia sería nuestra despedida a la Albania más costera para así adentrarnos en el interior en busca de la histórica Berat, la ciudad de las mil ventanas, la más antigua de Albania, declarada Patrimonio Mundial por la Unesco.

Visitar Berat es una obligación en un viaje por Albania. Sus tres barrios históricos y el castillo que corona la ciudad son muestra de la historia del país y testimonio de la armonía religiosa y cultural de estas tierras.

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Berat, de noche.

Pero si hay algo que impacta en Berat son sus características ventanas. Las casas se disponen por las laderas apuntando hacia la parte más baja y son cientos de ventanas las que apuntan hacia nosotros.

Próximamente: Berat, la ciudad de las mil ventanas

Tirana, capital del caos

Y tras Berat, de ruta hacia Tirana, la capital de Albania, a través de las pocas autopistas que verás en el país. La entrada en Tirana, como puedes imaginar, es representativa del caos de tráfico que sufren este tipo de ciudades de la Europa menos desarrollada.

Tirana es una capital pequeña. Su centro se recorre rápido y tiene los lugares de interés bastante cerca los unos de los otros. Todo gira en torno a la plaza de Skanderberg, el imbatido héroe nacional. Desde allí, la gran avenida que sirve de eje de la ciudad nos conduce hacia la famosa Pirámide, el barrio de Bloku o los diferentes edificios del gobierno.

La ciudad es fiel reflejo de la historia del país. El walking tour que hicimos con el guía Eri nos ilustró muy bien el pasado de Albania y de su capital. Sin duda, el período comunista centró nuestras curiosas preguntas y las explicaciones más esperadas. Una etapa de terrible cerrazón del país.

Próximamente: Tirana, historia y caos

De Albania a Macedonia

Una vez entregado el coche en Tirana, nuestra siguiente etapa nos llevaría hacia el país vecino, la Antigua República Yugoslava de Macedonia (ARYM), nombre oficial de lo que hasta 2018 conocemos como Macedonia. No existe el tren y en coche era económicamente inviable (pocas compañías lo permiten), así que nos esperaba un largo y tortuoso viaje en autobús con paso de frontera incluido.

El destino, el lago Ohrid, frontera natural entre ambos países. Un idílico escondite donde el tiempo parece detenerse y del que hablaremos en otro artículo.

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